El Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVC) “Ernesto Che Guevara” de Villa Clara tiene una rica historia de cinco décadas de formación de las semillas de jóvenes que ingresan posteriormente a los centros de educación superior para formarse como profesionales y servir al país.
Un buen ejemplo que vale la pena reverenciar es la Sociedad Científica de Biotecnología con su Biofábrica, que por treinta años dirige el profesor de Física Alejandro Araújo Rodríguez, un pedagogo al que muchos agradecen haber encontrado el camino de su vida, al haber despertado el interés en las nuevas generaciones por esta materia desde la enseñanza media.
“Los muchachos han obtenido premios a todos los niveles, incluso, premios relevantes a nivel nacional, y una Distinción especial entregada por el Comandante en Jefe, así como otros premios de los eventos científicos desarrollados en la provincia, entre ellos, a nivel de IPVC de todo el país”, nos comenta el experimentado pedagogo.
¿Qué es lo que los muchachos pueden ver en esta Sociedad?
“Ellos se acercan al proceso de Biotecnología de las plantas, además de aplicar esta rama como ciencia y el objetivo más importante es que aprenden a investigar haciendo investigaciones de campo, lo cual les sirve para su futuro”, explica Araújo.
Por la situación actual del país, agravada por el recrudecido bloqueo y el cerco petrolero, esta Sociedad Científica, como otras de la Vocacional están en pausa, pero hay un orgullo manifiesto en el “profe” Araújo de la cantera de jóvenes amantes de la Biotecnología que ha dejado en su trayectoria profesional como el mejor regalo de su vida.
Ante nuestras interrogantes agrega: “Todos los años ellos usan la metodología de la investigación científica, hacen descubrimientos desde el punto de vista intelectual y muy importante, la parte docente. Es un grupo grande muy entusiasmado y siempre ven en los cambios desde el punto de vista intelectual y la preparación se fortalece durante todo el curso a través del tiempo, durante los tres años que están aquí y salen con la preparación para investigar en cualquier carrera que ellos se propongan”.
Dalila González Fonseca, Amanda María Jiménez Rodríguez e Irán Ernesto Pacheco Arteaga ahora se encuentran en lis Preuniversitarios de sus municipios, otra medida que ha debido tonar el país ante el desabastecimiento de combustible. Pero no renuncian a sus sueños de convertirse en profesionales apegados a la rama de la Biotecnología.
De acuerdo con las palabras de Dalila, “la Biofábrica ha representado mucho, para mí no había carrera que me gustara, entonces vi lo que se hacía en la Biofábrica, y me fui impresionando, he aprendido a ver innumerables cosas importantes de las plantas, como reproducirlas y me gustaría estudiar una carrera afín a la Biotecnología”.
Amanda María Jiménez Rodríguez nos confiesa “yo llegué al IPVC sin saber la carrera que quería estudiar, pero cuando me vinculé a la Biofábrica, el profesor Araújo no solo te enseña las plantas, él te toma de la mano, te prepara como persona, hoy quiero optar por la Biotecnología, es algo hermoso ver la reproducción en el mundo vegetal, cómo puedes obtener frutos y miles de plantas; es constatar cómo puedes ayudar al país cuando se logran variedades de plantas, por supuesto, es muy bonito y atractivo lo que se puede hacer en esta sociedad científica”.
Irán Ernesto Pacheco Arteaga, por su parte nos dice: “Realmente me motiva estar en la Biofábrica, de los 72 estudiantes de esta Sociedad Científica, fui de los primeros en integrarme, desde que entré era un mundo nuevo para mí, me ayudó a identificar mi pasión por la bioquímica, y es la carrera que deseo estudiar, ese es el primer paso para construir mi futuro, y voy a lograrlo porque el profesor Araújo me ayuda y realmente estoy agradecido. Ahora mismo recuerdo los viajes al INICA, (Instituto Nacional de Investigaciones de la caña de azúcar), donde descubrimos qué es esa gramínea por dentro, que va más allá de una planta, para mí lo que he aprendido relacionado con las plantas es inconmensurable”, expresó.
Y por ese orgullo y esa pasión que no podrá borrar el odio imperial, Araújo me ratificó que buscarán alternativas para proteger la Biofábrica y las plantas que allí crecen como el mejor canto a la esperanza.
“Algunos de estos muchachos han enfilado su futuro hacia estas especialidades, muchos escogen carreras afines, por ejemplo, si cursan Medicina desde el primer año son investigadores, y eso les aporta para su preparación docente y científica. Estoy satisfecho con lo logrado, pero nos queda todavía algo desde el punto de vista de la preparación, necesitamos perfeccionar el método para que ellos lleguen a un peldaño superior todos los años”, considera.
Así, esta Sociedad Científica es un símbolo de la pasión por la Biotecnología, un canto a la esperanza ante las medidas brutales de un imperio fascista que jamás podrá vencer lis sueños ni el amor.
(Dalia Reyes, corresponsal de Radio Habana Cuba en Villa Clara)
