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Telecubanacán, una señal hecha de humanidad

por Oscar Salabarría
Telecubanacán, una señal hecha de humanidad

En una sala de edición con aroma a café y prisa, alguien revisa por enésima vez un plano mientras un colega busca un audio que parece extraviado. No hay cámaras de último modelo ni luces de gran producción, pero hay oficio, cansancio y una insólita terquedad por sacar el programa al aire.

Así, en esa cocina invisible donde sazonan técnicos, periodistas, realizadores y artistas, se entiende mejor Telecubanacán: no como un nombre, sino como un colectivo que lleva cuatro décadas aprendiendo a contar Villa Clara desde adentro.

El telecentro villaclareño nació el 5 de noviembre de 1984, cuando un grupo de jóvenes recién graduados se lanzó a hacer televisión con más vocación que recursos.

Fue el tercer telecentro del país, después de Santiago de Cuba y Holguín, y desde entonces aprendió a caminar «por donde tú vas», como dice su eslogan. Pero lo que de verdad lo distingue no es la fecha ni el récord, sino la manera en que ha sabido quedarse: en la llegada de los restos del Che a Santa Clara en 1997, en las plazas llenas, en las despedidas que dolieron, en las tardes de programas infantiles y en esas revistas que invitaban a actores de la comunidad a sentirse parte de la pantalla.

Telecubanacán, una señal hecha de humanidad

Detrás de cada emisión hay un esfuerzo que casi nunca se ve. Están los periodistas que salen a buscar la noticia con respeto y compromiso; los camarógrafos que cargan equipos viejos como noveles; los editores que estiran minutos; los técnicos que resuelven lo imposible con alambre y paciencia; los artistas que ponen el alma en un personaje o en una cortina musical.

Y están también las nuevas generaciones, que llegan soñando con un programa infantil, rescatando espacios campesinos o apostando por contenidos para jóvenes y para la comunidad.

En 2024, varios fundadores recibieron el Premio Pequeña Pantalla, un reconocimiento merecido a quienes dedicaron su vida entera a la magia del audiovisual.

Telecubanacán no vive de golpes de efecto ni de titulares estridentes. Es una televisión de constancia, de cercanía, de esa confianza que se construye día a día y que el pueblo reconoce como suya. Por eso su historia no se cuenta solo en aniversarios, sino en la memoria de quienes crecieron viendo sus programas y en la lealtad de un colectivo que, pese a la obsolescencia tecnológica y las contingencias energéticas, sigue haciendo televisión con un profundo sentido humano.

A todos los artistas que han puesto el alma en un personaje, a los periodistas que han salido a buscar la noticia con respeto y compromiso, a los realizadores, camarógrafos, editores, técnicos y trabajadores todos de Telecubanacán: felicitaciones. Gracias por sostener, con oficio y con corazón, una televisión que sigue latiendo al ritmo de Villa Clara. Que vengan muchos años más «por donde tú vas».

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