En sus misiones fuera de Cuba, Boris Manuel Luna Mesa, siempre tiene presente lo ocurrido en la provincia de Arcahale, ubicada a unos 45 minutos de la capital Puerto Príncipe, en Haití.
En su profesión como electromédico no presta asistencia médica, pero si realiza guardias diurnas y nocturnas para mantener en funcionamiento la tecnología y que el hospital tenga vitalidad las 24 horas del día.
Ahora labora en Zimbabwe, como miembro de la Brigada Médica, pero del año 2010 al 2013 perteneció al Contingente Henry Reeve, especializado en la ayuda a sobrevivientes de catástrofes naturales y graves epidemias y por ello viajó a Haití.
Allí laboró en un hospital de campaña, levantado en carpas para atender las víctimas ocasionadas por el gran sismo del 12 de enero de 2010, que dejó un saldo de 300 000 muertos y 5 200 heridos.
Esa noche en Haití cumplía su servicio de guardia nocturna y llegó una embarazada en labor de parto, junto a varios familiares. Todo se puso en tensión y él solo atinó a decir que la acostaran en la cama del salón de emergencias para llamar a los médicos de guardia.
No le dio tiempo a especificar que ese hospital no estaba preparado para atender partos, el más cercano quedaba a unos 30 minutos.
El niño no quiso esperar y ahí mismo, entre las manos de Boris nació y él lo recibió para que no cayera en el piso. Sus compañeros llegaron en menos de dos minutos y para él fue una eternidad.
Los doctores comenzaron a realizar el proceder médico para estos casos y surgió la pregunta del nombre del niño. Todos estaban eufóricos proponiendo nombres con la anuencia de los familiares y de la madre. En ese instante entra el Ginecológo de guardia y dice:
-Póngale oxígeno que está deprimido.
