Los resultados alcanzados por la Brigada Médica Cubana en Mozambique indican la realización de más de 18 millones de consultas médicas, más de 300 000 partos y más de 500 000 intervenciones quirúrgicas, ejecutadas por unos 300 colaboradores, de los cuales 213 son médicos especialistas, 68 licenciados en enfermería y electromedicina, más ingenieros y otros licenciados de la rama de la salud.
Esos profesionales cubanos prestan servicio en 44 especialidades médicas y trabajan en la atención primaria de salud, hospitales distritales y provinciales, universidades e institutos de investigaciones. También en la clínica Marcelino Dos Santos para la atención a pacientes con Diabetes Mellitus y sus complicaciones.
Una de ellos es la doctora matancera Victoria Pérez Rivero, especialista en Medicina General Integral y Nefrología con un Máster en Longevidad Satisfactoria, plantilla del Hospital Territorial Julio M. Aristegui Villamil, del municipio Cárdenas.
Ella ha participado en varias misiones de cooperación médica internacional: Venezuela (2003) en la atención médica integral en programas comunitarios; Bolivia (2006) Brigada Médica Internacional “Henry Reeve”, inicialmente durante las inundaciones en la provincia Obispo Santisteban; posteriormente como Jefa Departamento de Tarija, al frente de programas como Operación Milagro y otros.
También laboró en Venezuela (2010–2014) en la atención clínica a pacientes crónicos y en el apoyo a servicios asistenciales; en Brasil (2014–2018) en el Programa “Más Médicos”, trabajando en áreas de la periferia en unidades asistenciales, cuando se dio un pico epidemiológico de dengue, lo que requirió adaptación rápida y coordinación con los equipos locales.
Con posterioridad trabajó en Kenia (2021) en la Brigada Médica Internacional “Henry Reeve”, como única nefróloga en el Hospital Universitario Kenyatta, aplicando técnicas de terapia renal sustitutiva como la hemoperfusión durante la pandemia de COVID‑19 y actualmente está en Mozambique desde el 2021, en el Hospital Central de Nampula, fortaleciendo el servicio de Nefrología y atención a pacientes con insuficiencia renal.
Cuenta que accede a esta última misión luego de pasar por un período de selección a nivel del hospital de Cárdenas, y que transita desde el municipio a la provincia para concluir en la Unidad Central de Cooperación Médica de La Habana.
«Recibimos cursos de preparación previa, incluyendo aspectos epidemiológicos, culturales y organizativos. Es necesario realizar exámenes de idioma en temas médicos para el caso de Brasil. Para Kenia se hizo en inglés, asegurando un buen nivel de comunicación. En mi caso, completé un curso superior de portugués y de inglés. El contrato es bilateral entre países, con garantías laborales, cobertura médica, seguridad social y respaldo institucional durante la misión», comenta la nefróloga.
En cuanto a las patologías vistas en Mozambique nos dice: «Se atienden pacientes con diversas enfermedades renales y crónicas según el contexto de cada país, que hacen complicaciones por hipertensión arterial y diabetes mellitus, también las asociadas a infecciones virales y bacterianas, incluyendo la COVID-19. Se presentan algunas de origen autoinmune o por glomerulopatías, por exposición a tóxicos, medicamentos o factores ambientales. En Mozambique veo una alta frecuencia de pacientes con insuficiencia renal secundaria a enfermedades infecciosas, como VIH y oncológicas».
En su labor diaria enfrenta desafíos como tomar decisiones con recursos limitados y el manejo de una alta carga de pacientes. A ello se añaden las barreras culturales y de idioma, la disponibilidad de insumos y la coordinación con el sistema de salud para atender las patología. «Esos desafíos los enfrentamos y los superamos porque nuestro propósito es garantizar una atención de calidad», sentenció.
Resume así su vida fuera de Cuba «Implica adaptación cultural, distancia familiar y grandes responsabilidades. Extraño profundamente a mi familia, hijos, nietos y entorno cotidiano. Estas misiones me han enriquecido profesional y humanamente, he tenido la fortaleza de que en alguna de ellas me acompañó mi esposo, el doctor Fidel Alejandro Rivero, especialista en Terapia Intensiva, quien también trabaja como médico. Gracias a estas experiencias he podido crecer, aprender de diversas culturas y fortalecer mis capacidades en Nefrología. Aporto experiencia clínica, liderazgo, formación de personal local y compromiso humanista. Estas misiones me han engrandecido como ser humano y me han permitido demostrar la valía y compromiso del médico cubano y ejercito de batas blancas dentro y fuera del país».
