Hay vidas que se miden en años y otras que se miden en voces. La de Víctor Francisco Pérez-Galdós Ortiz se midió, sobre todo, en la calidez de una voz que durante más de medio siglo se coló en los hogares cubanos a través del dial.
Este 6 de noviembre, a los 81 años, esa voz se apagó físicamente, pero su obra sigue viva en la Radio cubana y en la memoria de quienes crecieron escuchándolo.
Nació en Cienfuegos un 15 de abril de 1945, y desde niño quedó cautivado por la radio. Mientras otros soñaban con ser médicos o ingenieros, él admiraba a los narradores y declamaba poemas patrióticos en la escuela. Su primer contacto con un micrófono fue casi un juego: un amigo lo invitó a un programa juvenil en La Voz del INRA, y aquel adolescente de 16 años descubrió que su lugar en el mundo estaba frente a una consola.
Pero el camino no fue sencillo. Se graduó como electricista, y fue precisamente en un taller de mantenimiento donde encontró su primera “emisora”: un amplificador que conectaba a la hora del almuerzo para leer noticias a sus compañeros de trabajo. Aquella obstinación lo llevó a Radio Progreso en 1966, donde un domingo cualquiera, mientras Eduardo Rosillo anunciaba piezas musicales, lo presentó al aire sin aviso. Fue su debut, y ya no habría marcha atrás.
Estudió Periodismo en la Universidad de La Habana, se graduó en 1972 y convirtió la radio en su trinchera. Fue subdirector de la Agencia de Información Nacional, director informativo de Radio Progreso y guionista en Radio Habana Cuba. Pero si algo definió su quehacer, fue su pasión por la historia. Investigó a Martí y al Che con una entrega que rayaba en la obsesión, convencido de que la memoria era la única forma de no perder el rumbo.
Los premios llegaron —el Nacional de Periodismo Histórico, el José Martí, la Distinción Utilidad de la Virtud—, pero Víctor nunca trabajó por ellos. No era retórica: era la coherencia de un hombre que creía en lo que hacía.
Se ha dicho que Víctor Pérez-Galdós amaba lo que hacía y era útil. Y vaya si lo fue. Formó generaciones de periodistas, impartió conferencias, integró jurados y nunca dejó de aprender. Quienes lo conocieron recuerdan su risa fácil y su humildad, esa que le permitía reírse de su propio apellido cuando lo confundían con el autor de los Episodios Nacionales.
Aún con sus ocho décadas a cuesta, y en medio de las adversidades del presente, Victor no dejaba de soñar, de idear nuevos proyectos para el futuro.
En Radio Habana Cuba durante muchos años nos deleitó con sus «Figuras en la historia» y su anecdotario infinito.
Hoy, cuando físicamente ya no estará más, su impronta se renueva. Se ha ido un maestro, un investigador, un narrador de historias que entendió que el periodismo es, ante todo, escuchar con atención.
Víctor Pérez-Galdós Ortiz vivió 81 años, pero su legado sonará para siempre en cada programa que enseñó a hacer, en cada joven que aprendió de él, en cada cubano que alguna vez sintonizó su voz y sintió que alguien, al otro lado, le hablaba con el alma.
Descanse en paz quien hizo de la radio un hogar.
