Una pirámide en la necrópolis Cristóbal Colón

Imagen/OnlineTour

 Por: Guadalupe Yaujar Díaz

 Una de las necrópolis más espectaculares del mundo es la denominada Cristóbal Colón, en La Habana, con sus 56 hectáreas y más de un millón de sepulturas que, por su valor escultórico y arquitectónico, hicieron que fuera declarada Monumento Nacional de Cuba.

Se trata de uno de los monumentos funerarios más visitados, considerado por muchos especialistas como el segundo de mayor importancia mundial, detrás del Monumental de Staglieno, en Italia.

Sus tumbas, en las que el hombre puso de relieve su condición económica, erigió en este mundo de silencio verdaderos palacios para sí o sus seres queridos y otros sepultados con modestia y hasta en la tierra.

Todo un gran escenario fastuoso se levanta al traspasar su puerta principal en este camposanto, en el cual está premiado el ingenio.

Una de las construcciones más interesantes es la del ingeniero cubano José Matta, que descansa en una réplica en miniatura de una de las famosas pirámides de Egipto.

El sepulcro de Matta, de peculiar estructura, aunque muy sencillo, atrae sobremanera la atención.

El proyecto, de autoría desconocida, algunos lo atribuyen al propio Matta; otros, a sus discípulos y colegas.

La pirámide que guarda los restos de Matta se construyó en piedra de cantería y es 60 veces más pequeña que sus homólogas egipcias.

Ubicada en el cuartel noroeste de la Necrópolis de Colón, Calle E y calle 2. Cuartel N. O. Cuadro 8, está clasificada por los especialistas cubanos de Patrimonio como un monumento de primera.

A su interior se accede por una pequeña puerta de hierro que lleva a un nivel más bajo, como en las pirámides orientales, donde descansan los restos del ingeniero José Matta.

El aspecto interior del panteón no reproduce la forma externa del monumento funerario, sino que es abovedado. La puerta y el pórtico de la entrada se encuentran levemente decorados con motivos egipcios que expresan la brevedad de la vida en la Tierra.

Interesante resulta que, al parecer, Matta no se sintió nunca como un faraón ni deseó ser enterrado como tal.

Se ha dicho que la preferencia y los gustos del destacado arquitecto por la cultura del Valle de Nilo, incidieron en la elección de esta variante estilística arquitectónica proveniente de la antigüedad, para el lugar donde eternamente fueron a reposar sus restos.

Algunos llegan a pensar que él mismo la proyectó para su morada final, siguiendo el criterio de que los faraones preparaban sus tumbas antes de morir. Otros afirman que, conocedores de la admiración del maestro por el arte antiguo, fueron sus propios discípulos y colegas los que decidieron levantarle el sepulcro con estas características.

Pero, hasta ahora, hay mucho de leyenda en torno a esta historia.

Fue él un profesional que dedicó su vida al trabajo y dejó su impronta en proyectos tan importantes como los hoteles Plaza y Sevilla y la Lonja del Comercio.

Matta, fue fundador del Colegio de Arquitectos de La Habana, el cual presidió hasta su muerte ocurrida en junio de 1919.

Una sencilla placa de bronce junto a la puerta de su pirámide recuerda la huella de admiración de los que quisieron perpetuar su recuerdo. Allí puede leerse: “A la memoria de José F. Matta.   El Colegio de Arquitectos de La Habana. 1920”.

Editado por Maite González Martínez



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