Las ganancias del diablo

Imagen / BBC.

Por: Guillermo Allvarado

El recién finalizado 2020 fue un año muy difícil, con graves pérdidas para casi todo el mundo en términos sanitarios, sociales, políticos y económicos, excepto los grandes consorcios industriales y comerciales farmacéuticos que recaudaron enormes ganancias por la pandemia de covid-19.

Un editorial del diario mexicano La Jornada, publicado este domingo, revela que las principales firmas de ese sector aumentaron su valor, es decir su capital, en la extraordinaria cifra de 90 mil millones de dólares en los mercados bursátiles.

Así lo estimó una investigación realizada por la empresa de análisis de datos científicos Airfinity, donde se vinculan estas alzas a las posibilidades de fabricar una vacuna segura contra el nuevo coronavirus.

Lo curioso, o más bien preocupante, es que en este jugoso negocio tuvo un papel clave la inversión que hicieron los gobiernos con dinero público, es decir con los impuestos que paga la población.

En efecto, los datos demuestran que las administraciones de varios países aportaron a las investigaciones no menos de 8 mil 600 millones de dólares, a los que se suman otros mil 900 millones entregados por fundaciones privadas y otras organizaciones.

Por el contrario, las farmacéuticas sacaron de sus cajas cuatro mil 400 millones de dólares, es decir menos de la mitad de toda la inversión, pero se quedarán con el ciento por ciento de las ganancias obtenidas.

Más aún, la organización no gubernamental Médicos sin Fronteras denunció que las farmacéuticas privadas tuvieron libre acceso a toda la información y las investigaciones sobre la pandemia realizadas en los laboratorios y universidades públicas, pero no tienen obligación de compartir sus beneficios.

Se trata pues, como dice La Jornada, de un típico caso de enriquecimiento privado gracias a fondos públicos, pero que no surge de la nada.

Durante décadas la doctrina neoliberal indujo a los gobiernos a desmontar los gastos en ramas como la salud pública, no sólo en lo que concierne a hospitales y otros centros de asistencia, sino que también en el desarrollo del conocimiento y la práctica científica y dejarlos en manos de particulares.

Cuando llegó la covid-19 todo este aparato estaba desarbolado, tanto en las grandes potencias como en los pequeños países dependientes, excepto aquellos que, como Cuba, tuvieron buen cuidado de no abandonar este importante aspecto de la vida.

Podemos decir, entonces, que cada dólar que entra a las arcas de las grandes corporaciones farmacéuticas va tocado por la mano del demonio, porque lleva en él el dolor, el sufrimiento, el llanto y la vida de millones de personas. 

Editado por Maite González Martínez



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