El grave peligro del narcotráfico y otras formas del crimen organizado

Por: Guillermo Alvarado

La reciente tercera captura en México del narcotraficante Joaquín “el chapo” Guzmán, considerado uno de los más peligrosos delincuentes de la actualidad, trajo a luz pública el debate sobre la peligrosa capacidad del trasiego de estupefacientes y otras formas del crimen organizado para penetrar las esferas del Estado y la vida pública, cultural, social y política de la población en general.

Fuera de las peripecias de “el chapo”, su espectacular fuga, su búsqueda y la captura tras una ampliamente difundida entrevista con el actor estadounidense Sean Penn, el narcotráfico había pasado a un segundo plano informativo por la avalancha mediática dedicada al fenómeno del terrorismo, no menos peligroso y preocupante.

El caso es que mientras los grandes reflectores apuntan hacia otro lado, el cultivo, fabricación, traslado y venta de drogas mantienen su actividad y afectan la vida y la seguridad de millones de personas y numerosos países.

Con más capacidad financiera que muchos pequeños Estados, el crimen organizado tiene un potencial corruptor que no se limita sólo a comprar voluntades entre los sectores pobres de la sociedad, sino que es capaz de llegar hasta elevados niveles de decisión de las instituciones y los gobiernos, como lo ilustra lamentablemente el caso mexicano, convertido en teatro de operaciones de una guerra sin futuro contra un enemigo que tiene mil rostros, que se difumina y que está enquistado incluso en las entidades que llevan adelante el combate.

En la entrevista del “chapo” con Sean Penn, el capo recuerda que el negocio de las drogas no sería posible sin la anuencia de los sistemas financieros internacionales, particularmente el de Estados Unidos; sin el flujo incesante de armas que cruzan el río Bravo hacia el sur; y sin la incapacidad -o la falta de voluntad- de las autoridades norteamericanas para controlar el mayor mercado de estupefacientes.

En efecto, a algún lugar van a parar los miles de millones de dólares que genera el crimen organizado. En este mundo globalizado e interconectado de hoy es prácticamente imposible poner en circulación grandes sumas de dinero sucio sin la complicidad de banqueros y funcionarios públicos.

Recordemos que el concepto de “lavado de dinero” se viene manejando desde hace décadas, si bien hoy día es más correcto utilizar el término de “lavado de activos”, porque ya no se trata sólo de efectivo sino de bienes, ya sean físicos, como edificios, vehículos, joyas y obras de arte, o intangibles, como acciones, bonos y otros valores.

Se dictan leyes, se crean instituciones, locales e internacionales, pero hasta el momento la apuesta parecen ganarla los grupos mafiosos que siguen disfrutando de los jugosos beneficios de sus delitos, mientras la peor parte en esta historia la llevan los pueblos, que están poniendo los muertos.

Más de 25 mil desaparecidos en México por acciones vinculadas al narcotráfico es una cifra muy grande y pone en evidencia de que es hora de cambiar la estrategia. Un buen comienzo sería exigirle a Estados Unidos que deje de fomentar una guerra en territorio ajeno, en tanto los beneficios van a parar a su casa. La ecuación es muy simple: desaparezca la demanda, y desaparecerá la oferta.

Editado por Maite González Martínez



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