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Juntos en cada batalla

Juan Almeida y Raúl Castro. Foto: JR

Juan Almeida y Raúl Castro. Foto: JR

Por Yunet López Ricardo

Los dos supieron siempre que en aquellos tiempos el país necesitaba cambiar. Y armados con 'eso' que les sobra a los que luchan por lo justo, combatieron una madrugada de julio de 1953 en distintos lugares de Santiago de Cuba, donde estaban seguros que comenzarían a caer los primeros pedazos de un Gobierno que sometía a Cuba y no respetaba la vida de sus jóvenes.

En ese entonces Raúl Castro Ruz tenía 22 años y Juan Almeida Bosque 27, pero como la edad no interesa si el combate es firme, resistieron también los meses en la cárcel de Isla de Pinos, y como tampoco existen sanciones para castigar la dignidad, cantaron allí, junto a los otros valientes, frente a Batista y a toda voz, la Marcha del 26 de Julio.

Por su lucha navegaron desde México hasta los pantanos de la costa suroriental de Cuba y avanzaron con el agua a la cintura, las armas sobre la cabeza y la certeza de un triunfo que costaría mucha sangre, pero llegaría.

Después, los dos dispararon sin miedos y subieron las lomas de la Sierra Maestra una y otra vez, cuando escaseaban los alimentos, los uniformes, los zapatos, pero la esperanza que daban las barbas y el brazalete rojo y negro lo sustituía todo.

Por eso, luego de la batalla de Pino del Agua el 16 de febrero de 1958, el Ejército Rebelde tuvo otra victoria, pero sería esa la última vez que participarían juntos sus jefes fundadores: Fidel Castro, Ernesto Guevara, Camilo Cienfuegos, Ramiro Valdés, Guillermo García, Efigenio Ameijeiras, y Raúl y Almeida.

El líder de todas las tropas le hizo saber a Raúl que dirigiría una nueva columna guerrillera; y en su diario de campaña, el hermano menor escribía:

"Caminando con Fidel por el patio de la casa, me informó que escogiera 50 hombres para realizar la misión que le pedí una vez. Me volví loco de contento y empecé a trabajar preparando la gente. Le puse por nombre: Operación Frank País García en honor al inolvidable combatiente caído".

Y en el sitio conocido como Pata de la Mesa, muy próximo a San Lorenzo, donde Carlos Manuel de Céspedes cayó el 27 de febrero de 1874, también ese día, pero 84 años después, dejaban de ser capitanes Raúl y Almeida para, por orden de Fidel, convertirse en comandantes del Ejército Rebelde.

Entonces, Raúl pasó a ser Jefe de una Columna que operaría en las montañas del norte de Oriente, desde Mayarí hasta Baracoa; y Almeida Jefe de la que estaría en la Sierra Maestra, al este del poblado de María Tomasa, "debiendo extender el campo de operaciones lo más lejos posible hacia esa dirección", como decía el comunicado del Comandante en Jefe.

Así, el primer día de marzo Fidel despedía a aquellos jóvenes que habían aprendido todos los trillos de esas montañas y, en los últimos combates de la Sierra, que la victoria estaba cerca, pero el ejército debía expandirse.

"Después de recibir todas las instrucciones y los preparativos del viaje, Almeida y yo, junto a los oficiales de ambas columnas, tuvimos una reunión final con Fidel en el campamento que en esos momentos ocupaba la columna del Che en Pata de la Mesa, en el mismo corazón de la Sierra Maestra.

"Dos nuevas columnas se desprendían del núcleo inicial del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra, donde nacieron y se forjaron bajo el fuego enemigo y la gran experiencia acumulada por Fidel en largos meses de guerra: la No. 3, con el nombre de la ciudad heroica de Santiago de Cuba, dirigida por Almeida, y la No. 6 Frank País, bajo mi mando", escribía Raúl.

Más tarde, la columna de Raúl se convirtió en el II Frente Oriental Frank País García, y la de Almeida en el III Frente  Mario Muñoz.

Y para que el 1ro. de Enero los de verde olivo regaran la libertad por toda la Isla, fueron vitales las fuerzas de los dos muchachos que se armaron de 'eso' que les sobra a los que luchan por lo justo, se levantaron aquella madrugada de julio, enfrentaron la cárcel, las aguas y las balas, y ya eran comandantes, un grado guerrillero dado por Fidel que nunca dejaron de tener sobre los hombros.  

(Tomado de digital@juventudrebelde.cu)

Editado por Martha Ríos
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