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San Cristóbal de La Habana, animada villa de los castillos

Foto: Archivo.

Foto: Archivo.

Por: Guadalupe Yaujar Díaz

La Habana, 15 nov (RHC) La villa de San Cristóbal de La Habana fundada 16 de noviembre de 1519, lugar de asentamiento de nuestros primeros colonizadores, estuvo desde el primer momento en la mira de varias potencias europeas. Se trataba del importante sitio de escalada de la Gran Flota de Indias, con las riquezas que ésta transportaban del Nuevo Mundo.

A la pequeña aldea de Habanex, devenida en la gran ciudad que hoy es, la conforman el pasado y el presente llena de historia y aires cosmopolita, con sus 500 años a cuestas.

Añejos referentes nos describen su génesis entre el mangle y los mosquitos, habitada por un pequeño núcleo de colonos españoles y bohíos aborígenes.

La Habana nace bajo la advocación de un santo muy caminante –San Cristóbal—algo que puede haber influido en ese constante andar del habanero, aderezado con su callejeo, plazas, mercados y pregones urbanos.

Su núcleo fundacional nació bajo las ramas de la ceiba que, según la tradición, dio abrigo al ceremonial de la primera misa cantada en estas costas.

Cuenta la tradición que en el mismo lugar que hoy recorren los presurosos caminantes puso las plantas de su ferrada armadura el conquistador don Hernando de Soto, primer gobernador de la ciudad por su Majestad Imperial Carlos V; y buscador por demás de la Eterna Fuente de la Juventud.

La salvaguarda de los intereses coloniales españoles no tardó en levantar piedras y cañones en los más estratégicos lugares de la ciudad. Y como símbolo de su poder y dominio se erigieron los castillos para la defensa de San Cristóbal, siempre codiciada y acosada presa de corsarios y piratas.

De ahí que la Corona le encomendara al gobernador de la Isla, la construcción de una fortaleza en La Habana.

Decidido el aumento de las defensas de la ciudad, particularmente después de ser saqueada por el pirata Jacques de Sores, en 1555, el arquitecto de origen italiano Juan Bautista Antonelli, con plenos poderes por el rey. Comenzó el estudio de la villa en 1587.

Despúes de concebir un amplio sistema defensivo, y aconsejando la construcción de un castillo en cada una de las puntas que cierran la entrada de la bahía habanera, dio paso a las primigenias fortificaciones del Castillo de San Salvador de la Punta y el Castillo de los Tres Santos Reyes del Morro, reforzados por los torreones de Cojímar y La Chorrera, a cierta distancia de la ciudad.

A los añosos castillos, marcados por el paso del tiempo y las acometidas del mar, no les faltó nunca la poesía y las leyendas que aún se tejen como el recuerdo de la bella Isabel de Bobadilla, esposa del gobernador de la villa.

Según la tradición ella esperaba cada tarde la vuelta del lejano marido. Hernando de Soto nunca volvió, murió buscando una lejana e inexistente Fuente de la Eterna Juventud.

Ella, siguió esperándolo por mucho tiempo, apoyada pensativa en el muro de la fortaleza de la Fuerza.

Su imagen, símbolo de fidelidad, se mantiene en el imaginario popular de los habitantes de la Habana, quienes bautizaron su lugar de observación como El Balcón de la Espera.

Cuando solo faltan horas para la celebración fundacional de la hermosa y atrevida urbe, eternamente joven con su medio de existencia, ¡saludemos La Habana de todos los cubanos!

Editado por Lorena Viñas Rodríguez
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