Kid Chocolate: la leyenda del boxeo que nunca murió

Kid Chocolate

La Habana, 8 ago (RHC) El 8 de agosto de 1988 falleció en La Habana Eligio Sardiñas Montalvo, conocido mundialmente como Kid Chocolate. Cuando se cumplen tres décadas de su partida física, no es un recurso literario que su ausencia entre nosotros no existe, porque continúa marcando una referencia boxística en Cuba y el mundo.

La historia de Kid no puede contarse como el éxito de un niño pobre que llegó a ser rico, muy rico, a través del boxeo, para luego dilapidar toda su fortuna.

Es la historia de un genio, llegado al mundo en la pobreza, que no tuvo a la mano el conocimiento de su valía y fue dominado por hombres más habilidosos. Un hombre de su tiempo, al que no se le podía pedir sabiduría para dosificar los gastos o llevar un estilo de vida que prolongara su carrera. 

Si analizamos el tiempo exitoso de Kid Chocolate, no es un período prolongado, en comparación con otros atletas. Pero alcanzó la gloria, implantó un estilo, fue uno de los hombres mejor vestido en su época y continúa como el orgullo de una nación.

Durante su exitosa carrera (1929-1938), Chocolate alcanzó 136 victorias con solo 10 derrotas. Propinó 51 KO y entabló 6 peleas.

Aparece en el “Salón de la Fama del Boxeo” y está considerado entre los mejores pesos pluma de todos los tiempos.

La leyenda de Kid Chocolate no morirá, porque cada pequeño boxeador que en Cuba sube al ring, lleva la encomienda de no ser tocado y llevar como defensa una esquiva portentosa.

Ahora, en tiempos de peinados estrafalarios, no despeinarse puede llevar tanto mérito como en los años 30 del pasado siglo. Eso sí, a los boxeadores, a los deportistas en general, queremos tenerlos bien cuidados, alejados del vicio y de una existencia desordenada. La educación continúa siendo una clave que debe seguirse perfeccionando en el boxeo cubano.

Para que no pierdan en la vida el mérito del ring, como lo perdieron tantos y tantos Kids en estos años.

Haber tenido un campeón, una figura excelsa entre las doce cuerdas, motiva a tener otra figura. La historia no es una hamaca, es un trampolín.

Chocolate, que fue capaz de las proezas más deslumbrantes, merecerá siempre el homenaje. Los niños de ahora intentarán ser como Savón, como Julio César la Cruz, como Andy Cruz; pero también como Stevenson, como Correa, como Garbey, como Balado... y como Kid Chocolate.

 

Por Fernando Martínez Martí

Editado por Raúl Rodríguez



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