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Holguín, un jardín silvestre por descubrir

por Yudit Almeida
Naturaleza

Hay vidas que crecen sin permiso, que vuelan libres, que florecen en lo agreste. Cada 3 de marzo, el calendario ecológico nos invita a mirarlas: es el Día Mundial de la Naturaleza, una fecha que en 2026 la ONU quiso dedicar a esas plantas medicinales y aromáticas que sostienen cuerpos y tradiciones.

Y si hay un lugar en Cuba donde la tierra habla a través de sus hojas y sus montañas, ese es Holguín. Porque esta tierra del oriente cubano no es solo sol y playa, aunque Guardalavaca brille en las postales. Es también un abanico de secretos verdes. Los ríos que la bañan -como el Jigüe o el Cacoyugüín- serpentean entre valles que los primeros cronistas coloniales describían como «fertilísimos en pastos y robustos árboles». Un vergel que aún hoy sobrevive, resistiendo el embate del tiempo y la mano del hombre.

Parque Alejandro de HumboldtAquí, la naturaleza se ha refugiado en 17 áreas protegidas. La provincia atesora dos Parques Nacionales -entre ellos el Alejandro de Humboldt, Patrimonio de la Humanidad, compartido con Guantánamo-, cuatro refugios de fauna y varias reservas ecológicas que funcionan como el último suspiro de nuestros bosques autóctonos. En ellos encuentran cobijo especies endémicas como el almiquí, la cagaitera o la jutía conga, además de una avifauna que despierta cada mañana con el canto del sinsontle y el vuelo del zunzún.

Pero hablemos del alma de esta efeméride: las plantas medicinales. En los patios holguineros, en las laderas de Mayarí o en las sabanas de Banes, crece la farmacia de los guajiros, la ciencia de las abuelas. La caña santa para el resfrío, el orégano de la tierra para el empacho, la salvia para el alma… Un legado de los pueblos originarios y las comunidades rurales que hoy, más que nunca, debemos conservar.

EcovalorEl turismo en Holguín lo sabe. Proyectos como Ecovalor demuestran que no se puede amar lo que no se conoce, y que un paisaje bien protegido es sinónimo de economía sostenible. Iniciativas de senderismo interpretativo en la Sierra de Cristal o rutas agroecológicas en el Valle de Mayabe comienzan a posicionar a la provincia como un destino no solo de sol y playa, sino de naturaleza vivencial.

Sin embargo, el Día Mundial de la Vida Silvestre no es solo una fiesta. Es un llamado de atención. La sobreexplotación de los suelos, la tala indiscriminada y el cambio climático amenazan con silenciar la sinfonía de nuestra biodiversidad. Perder una planta medicinal no es perder una hierba; es perder una cura, una historia, una parte de nuestra identidad como cubanos.

Naciones Unidas lo resume en un lema para este 2026: conservar la salud, el patrimonio natural y los medios de subsistencia. Una triada que en Holguín adquiere dimensiones concretas.

Proteger la flora y fauna de esta tierra -desde las raíces de sus montañas hasta el último de sus arrecifes en la costa norte-es el mejor homenaje que podemos hacerle a nuestra naturaleza silvestre. Porque la próxima vez que usted camine por el Valle de Mayabe, respire el aire de la Sierra de Cristal o simplemente prepare un té de caña santa en su casa, recuerde: está pisando, o bebiendo, un jardín que es patrimonio de la humanidad.

(Yudit Almeida, corresponsal de Radio Habana Cuba en Holguín)

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