Indagar en el legado de Fidel Castro sobre el tema de la salud pública ha sido para el estudiante de Burkina Fasso, Pinguédwendé Geoffroy Sawadogo, una manera de aprender y de exponer los aciertos obtenidos por la experiencia cubana en la esfera médica.
Alumno de 6to año de la Facultad Salvador Allende, del Municipio Cerro, en La Habana, tiene la autoría de tres materiales: La concepción social de la educación en la pedagogía revolucionaria de Fidel Castro; La salud del pueblo es la mayor ley: Fidel Castro y el sistema sanitario cubano global; y La ELAM, legado vivo de Fidel Castro en la salud global y la integración de los pueblos.
El primero de ellos ya está publicado por la editorial de Ciencias Médicas ECIMED y los otros están pendientes por la misma casa editora debido a los atrasos por problemas energéticos, carencia de papel y de otros recursos. Los tres artículos identifica al líder de la Revolución cubana como el artífice de la construcción de un modelo social diferente capaz de desarrollar el sector de la salud en las condiciones de un país subdesarrollado, dependiente y carente de recursos materiales.
En sus investigaciones propone que el ejemplo de Cuba sea irradiado hacia las demás naciones con caraterísticas similares partiendo también de la transformación del sistema social y que sea conducido por políticas honestas en defensa de los pueblos.

«Lo que me motiva a investigar, estudiar y escribir, es saber las dimensiones de un hombre que le aportó, no solo a Cuba, sino a la humanidad, que aprendió a hacer Revolución haciendo Revolución. Me di cuenta que ayuda a materializar una idea. Su pensamiento visionario está unido a la capacidad de explicar, divulgar, convencer e inculcar valores en la mente del pueblo», destaca el joven, quien también se desempeña como representante y dirigente estudiantil.
«Aprendí de Fidel a investigar a fondo y no quedarme en la primera lectura; a buscar referentes; a convertir las utopías en realidad; y a ser impaciente ante la indagación continua del conocimiento. Eso me ha enseñado también Cuba y su gente. Me enseñó a ser una persona culta y a prepararme para lo que la vida pueda presentarme en el camino», confiesa el estudiante que se graduará el próximo curso.
¿Cómo accedes a los estudios en Cuba?
«Los resultados académicos obtenidos en el preuniversitario me hicieron merecedor de obtener el segundo escalafón a nivel nacional y ser considerado como mejor estudiante y por eso pude pedir una beca gratuita.
«Aunque una agencia del Ministerio de Educación en Burkina Fasso oferta becas para varios países, a mi solo me interesó Cuba por el prestigio alcanzado en la formación de profesionales en el campo de la medicina y por las valiosas experiencias acumuladas en ese sector. Siempre tuve claro que quería estudiar medicina.
«Además, mi país y Cuba tienen una tradición histórica en las relaciones, primero por la amistad entre los líderes Fidel Castro y Thomas Sankara, también por la asistencia brindada por médicos cubanos y por los miles de jóvenes burkineses formados aquí».
¿Como caracterizas tu vida en Cuba?
«La adaptación a vivir en Cuba siempre resulta diferente. Vienes a vivir con compañeros de muchos países y compartes con ellos como familia. El amigo se vuelve la persona más cercana. A eso se le suma que llegué en enero de 2021 con el azote de la pandemia por Covid 19 y tuvimos que cumplir medidas muy rigurosas de aislamiento social.
«Primero hicimos una cuarentena con encierro casi total en la Facultad Victoria de Girón. Luego nos cambiamos a la ELAM y comenzó el aprendizaje del idioma español en el curso de premédico. Ahí comencé a relacionarme con jóvenes de África y América Latina.
«Comprendí la necesidad de estar dispuestos a aceptar otras culturas y la diversidad en todo los sentidos. Nunca me sentí solo, incluso para solucionar las carencias materiales, que es todo un desafío en Cuba.
«La palabra clave para entender ese proceso se llama resiliencia. De esa forma he podido tolerar y avanzar en mis propósitos de concluir mis estudios».

¿Cuál ha sido el momento más feliz y el más triste?
«El más feliz cuando concluí el 2do año y todo el programa de asignaturas básicas y preclínica, y comencé el 3er año a interactuar en los hospitales con los pacientes. Considero que la práctica médica de seguir el tratamiento de un enfermo y verlo egresar es lo más gratificante para un profesional.
«En cuanto al momento más triste fue cuando vi morir a un paciente, me afectó mucho. Considero que es difícil aceptar que no se puede hacer más por la vida de un ser humano.
«Me han gustado todas las asignaturas de la carrera porque las veo útiles y necesarias en la formación de un profesional. Yo amo a la medicina y todo lo que hago por mis pacientes, lo hago con placer».
¿Qué planes tienes para el futuro?
«Primero graduarme y después ver la posibilidad de estudiar una especialidad en dependencia de las necesidades de mi país.
¿Qué enseñanza te brindó Cuba?
«Te puedo afirmar que Cuba me ha brindado muchas enseñanzas. La primera de ellas es la resiliencia, porque llegué con 19 años de edad y lo primero que aprendía fue a vivir con independencia como un adulto, lejos de sus padres. Por tanto la resiliencia siempre fue mi acompañante desde el principio hasta este momento y por la gracia de Dios, todo ha salido bien.»
