En medio de gran expectación, Cuba aplica profundas disposiciones en varias ramas de la vida económica y social, incluyendo la agricultura, sumida hoy en una acentuada depresión.
Castigada notablemente por el bloqueo de Estados Unidos, su cerco petrolero, insuficiencias internas, problemas organizativos y déficit de mano de obra, la agricultura es el eje de la producción de alimentos, hoy por debajo de las necesidades y con precios altos.
Como parte del proceso de implementación de las transformaciones económicas y sociales que comprenden 176 acápites, la agricultura de la mayor de las Antillas se aboca a llamativos cambios.
Resalta la simplificación de la entrega de tierras en usufructo, pues las empresas del sistema de la agricultura podrán entregar tierras a los solicitantes, en coordinación con las cooperativas, sin límites de hectáreas y el tiempo de explotación.
A diferencia de lo ocurrido hasta ahora, el área será determinada por la propuesta productiva del interesado y los programas priorizados del país, con la condición de que el promotor evidencie explotar las tierras bajo su control.
Si bien la mayor parte de las superficies de cultivo en Cuba seguirá bajo propiedad estatal, trabajadores por su cuenta, mipymes, empresas mixtas e inversionistas extranjeros podrán requerir adjudicaciones.
De esta forma campesinos y usufructuarios, así como entidades tendrán mayor capacidad productiva, vender a precios de mercado y exportar directamente.
Para los beneficiados, a quienes se les reconocerá las viviendas construidas en las áreas a explotar, representa un incentivo comercializar sus aportes sin el arbitrio estatal y podrán contar con un Banco agrícola para financiamientos.
Sobresale asimismo que las cooperativas agropecuarias podrán asumir transacciones de comercio exterior y tramitar financiamiento bancario, además de tener autonomía para fijar precios y operar con inversionistas extranjeros.
Las transformaciones previstas en la agricultura cubana tienen un amplio diapasón, ahora en estudio por productores tradicionales y potenciales, así como por entidades.
Se trata de una autonomía real y con nuevo poder de decisión para esos productores, para quienes no debe pasar inadvertido la existencia de miles de hectáreas ociosas o deficientemente explotadas.
Los cultivos en la mayor de las Antillas requieren con urgencia revertir los declives de sus aportes y así reducir los elevados precios en los mercados, aunque nadie desdeña que todos los cambios deberán sortear el devastador asedio del bloqueo, en especial el energético.
