Después de cambiar de pretextos, el presidente estadounidense, Donald Trump, admitió que la finalidad del ataque a Irán, perpetrado conjuntamente con Israel, ha sido el cambio de régimen.
En Estados Unidos dijeron primero que Irán era un enemigo porque se encaminaba a la posesión del arma nuclear, eventualidad negada por el país persa.
Más tarde hablaron de proteger a manifestantes y del afán porque Irán no contara con ciertos tipos de misiles, aunque los expertos confirmaron que nunca podrían alcanzar a Estados Unidos.
Los pretextos fueron engavetados y Washington apeló a las conversaciones sobre lo que presentó como el curso del programa nuclear iraní.
Pero muchos observadores creen hoy que las pláticas sirvieron de pantalla mientras se alistaban fuerzas y medios destinados a la embestida militar, desatada el 28 de febrero.
Era la segunda vez en menos de un año que Estados Unidos e Israel agredían a Irán, sin que prevalecieran en los cálculos los peligros de pérdidas de vidas de sus efectivos armados.
Otra vez la administración soslayó consultar al Congreso, tal y como hizo cuando atacó Venezuela, secuestró a su presidente y dio muerte a militares y civiles.
Embarcados en la acometida, ahora admiten en Washington y Tel Aviv sus planes de fondo para un cambio de régimen en Irán, eliminar físicamente a sus líderes, entre ellos al supremo Alí Jamenéi, e instar a los ciudadanos a lanzarse a las calles y derribar el poder.
Como era de esperar, el país persa reaccionó al ataque conjunto, esta vez de forma más abarcadora que en junio pasado.
Gobiernos en todo el mundo instaron a la moderación, lamentablemente pocos reprobaron palmariamente lo que constituye una violación del Derecho Internacional y de la Carta de la ONU y muchos instaron al regreso a la mesa de negociaciones, en la cual se registraron avances, según dijeron mediadores de Omán.
No pocos previenen que la agresión a Irán amenaza el flujo de petróleo que sale de Medio Oriente, lo que llevaría los precios al alza.
Y destacan que la denominada campaña “masiva y continua” contra Irán pone de relieve las ambiciones de Estados Unidos de apoderarse del petróleo en otras latitudes y de cambiar, mediante la violencia, los regímenes de su desagrado.
Aun a riesgo de irritar a las bases de simpatizantes de Trump, a las que se les prometió poner fin al involucramiento de la Unión en conflictos en el extranjero.
Abandono de una oportunidad para la diplomacia
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