El ron que obsequiaba Fidel

Editado por María Candela
2018-06-27 16:38:30

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Por: Indira Ferrer Alonso

En un cofre de madera cuidadosamente construido para parecer rústico a la usanza de los que llevaban corsarios y piratas, dentro de una botella de cerámica enterrada en la arena de las playas cubanas, late el fruto exquisito de una tradición santiaguera: el espirituoso Isla del Tesoro, el que prefería obsequiar a los amigos entrañables el Comandante Fidel.

Desde mediados de la década de 1960 se produce en la Ronera Santiago de Cuba -la ciudad donde Facundo Bacardí instaló su fábrica licorera en 1862, donde nació el ron ligero cubano. Cuenta el Maestro del Ron Cubano, Julio Ayán, que se destinaba exclusivamente a los regalos que disponía el Líder, y por eso no se comercializó hasta hace cuatro años, cuando Cuba Ron S. A. recibió autorización para sacar al mercado un número limitado de botellas.

“Este producto -dijo- se presentó en 2016 y 2017 en el Instituto del Sabor en Bruselas y obtuvo en ambas ocasiones tres medallas de Oro por el aroma, el sabor y en el aspecto; hasta ahora es el único producto cubano que logra este resultado.”

Su presentación recuerda los tesoros robados a la isla de Cuba en los ataques de corsarios y piratas; la botella es una alusión a las que se lanzaban al mar con un pergamino dentro y su colocación en arena dentro del cofre representa la llegada de ese mensaje a una playa.

Se trata de un ron realmente excepcional. Isla del Tesoro es un regalo al paladar de quien aprecie los encantos de un buen espirituoso. La exclusividad  de su sabor, aroma y color lo convirtió en el preferido del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, quien  lo obsequió durante décadas a personalidades de la política, las ciencias, las artes, las letras y el deporte de diversas latitudes, que mantuvieron estrechos lazos de amistad con el gobierno y el pueblo de Cuba.

Isla del Tesoro es considerado una joya de la tradición licorera de la Mayor de las Antillas; tal vez porque el ron que se hace en Santiago de Cuba tiene la impronta de varias generaciones de maestros roneros que desarrollan y mezclan bases añejas impregnadas por el roble blanco de barriles utilizados durante casi 100 años.

La sabiduría popular asegura que la magia del ron santiaguero está en la pericia de esos maestros -que conocen secretos transmitidos entre generaciones desde los tiempos de Bacardí-, el clima y el movimiento del alcohol producido por las vibraciones que ocasionan  los trenes al transitar por las cercanías de las naves de añejamiento.

Sean estas o no las razones, lo cierto es que los espirituosos como Isla del Tesoro, llevan en su sabor el mestizaje de Santiago, la calidez de su gente y la distinción inequívoca de lo auténtico. Seguramente por eso lo prefería Fidel.

(Tomado de www.sierramaestra.cu)



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