La Condesa de Merlín, un personaje de La Habana

Editado por Bárbara Gómez
2019-08-03 10:49:59

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Por: Guadalupe Yaujar Díaz.

María de las Mercedes de Santa Cruz y Montalvo, condesa de Merlín, nació en una familia de la aristocracia habanera el 5 de febrero de 1789. Hija de Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas y María Teresa Montalvo y O'Farril, condes de Jaruco y Mompox. Fundadora de la literatura cubana escrita por mujeres, escritora y novelista.

La condesa ingresó en el Convento de Santa Clara en La Habana a los ocho años y harta de la vida religiosa intentó fugarse, ayudada por la madre Santa Inés, inspiradora de su libro, Historia de Sor Inés (1832).

Su infancia transcurrió en Cuba, debido a un viaje de los padres a Italia quedó a cargo de su tía abuela paterna, la que se ocupó de una crianza de manera muy libre y consentidora.

Con 12 años, en 1802, la joven María se traslada a Madrid, a vivir con su madre, que era dama de honor de la reina Doña María Luisa, y que en la capital tenía un salón por el que transitaban políticos, escritores y artistas.

En ese ambiente conoció́ a artistas como Francisco de Goya y Lucientes (1746-1827), Manuel José Quintana (1772-1857) y Juan Meléndez Valdés (1754-1817), y al conde de Merlín, Christophe-Antoine de Merlin (1771-1839), general francés de la armada en España con quien contrajo matrimonio, a los 20 años. Tras la derrota de las tropas francesas partieron ambos a París.

Quien revise periódicos de la década del 30 como La “Revue Musicale”, “La Gazette de France” o “La Chronique” encontrará desbordados halagos al talento artístico de la criolla, que solía ser saludada con admiración general cuando se le veía aparecer en la ópera.

Excelente cantante, su salón fue frecuentado por personalidades políticas y artistas cubanos y extranjeros, entre ellos Marie-Joseph Paul Yves Roch Gilbert du Motier, marqués de La Fayette, Alfred Guillaume Gabriel, Honoré de Balzac, Víctor Hugo, Alfred de Musset, George Sand, Franz Liszt, José́ de la Luz y Caballero, José́ Antonio Saco y Domingo del Monte.

De sus más relevantes trabajos literarios aparecen: Mis primeros doce años (1831) relato de su niñez, y la biografía, Historia de Sor Inés que recoge la vida de una monja del Convento de Santa Clara de La Habana, y La historia de una mujer de mundo, editado en 1838 al mismo tiempo en París y Bruselas, e incluso traducido al inglés y al italiano, relato de la breve y desaventurada vida de la amiga y cantante española María Felicia García Malibrán; el género híbrido que es representado por el relato de Viaje a La Habana, detallada narración en forma epistolar de un viaje que efectuó en 1840 a Cuba.

La condesa viajó por Alemania, Suiza, Inglaterra e Italia. Enviudó en 1839, y en 1840 regresó a Cuba, donde escribió́ este Viaje a La Habana.  

Por entonces fue acusada de plagiar a Cirilo Villaverde (1812-1894), José́ Antonio Saco, y Ramón de Palma (1812-1860); Félix Tanco y Bosmeniel (1797-1867), fue unos de sus principales detractores con su Refutación al folleto titulado Viaje a la Habana. Sus defensores resultaban igualmente conocidos: Gertrudis Gómez de Avellaneda y Gabriel de la Concepción Valdés [i.e.] Plácido (1809-1844).

En este libro la autora describe una Habana colonial de mediados del Siglo XIX, en 10 cartas, de las 38 que incluyen ediciones en otros idiomas, por la lógica razón de que la condesa evitaba tocar en la Isla temas no gratos a las autoridades españolas de aquel entonces.

Subtítulos en cada una de los encabezamientos de las cartas van guiando al lector… “Viaje a la patria…” aparece en la primera de ellas.

Expresa… “Estoy encantada! Desde esta mañana respiro el aire tibio y amoroso de los trópicos…” A partir de ahí trasmite sus vivencias al regresar a su país de origen, las costumbres de los habaneros y hasta de los “guajiros”, los paseos habituales en las volantas, las construcciones (El Castillo de la Fuerza, el Morro, el Templete, la Catedral, entre otras) el gusto por el teatro y la música, la naturaleza, características del clima y flora y fauna, hasta los ataques de los molestos mosquitos; se refiere a oficios de todo tipo y se citan personajes históricos.

Testimonio de una época de la vida habanera, complementa la labor iconográfica de los excelentes grabadores que viajaron a la Isla o las crónicas de los tantos visitantes extranjeros que recibía la ciudad.

Es precisamente el texto de “Viaje a La Habana” que hoy en día llama más la atención de la crítica y que hace que una escritora de lengua francesa sea reconocida como la madre de la literatura cubana.

En sus páginas preliminares este volumen se inicia con unos apuntes biográficos de Gertrudis Gómez de Avellaneda sobre la condesa, que abarcan 16 páginas, en las que se sintetiza la vida y obra de María de las Mercedes Santa Cruz, a la cual califica como uno de los escritores más distinguidos de la literatura contemporánea.

La Tula se lamenta de que sus libros enriquezcan la literatura francesa y no la tierra que la vio nacer, “cuyo sol encendió aquella lozana imaginación, que entibiada algún tanto bajo un cielo extranjero, todavía lanza destellos refulgentes que sirven a su patria de magnífica aureola.”

En este último libro se conjugan los nombres de la María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, Condesa de Merlín (1789-1852) y de Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873) no fue una simple coincidencia; dos mujeres, escritoras, contemporáneas, vivieron alejadas de la Isla, añorando los años transcurridos en ella y con profundo amor por su cultura y por una ciudad en aquel entonces ya bella, La Habana, que en pocos meses cumplirá 500 años de fundada.

La condesa de Merlín, fundadora de una asentada tradición narrativa femenina muy controvertida y criticada en su época, nos lega hermosos testimonios de su tiempo desde la perspectiva de una persona osada que supo escribirlos hasta su muerte ocurrida a los 63 años en París, el 31 de marzo de 1852.



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