Israel en crisis política

Editado por Maite González Martínez
2020-12-26 10:10:13

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Por: Guillermo Alvarado

Como estaba previsto, el parlamento de Israel fracasó en su intento de aprobar esta semana el presupuesto general del Estado para 2021 y por ley debió disolverse poniendo fin de esta manera a la frágil alianza de gobierno entre las fuerzas de derecha y extrema derecha.

En abril pasado los partidos Likud, de Benjamin Netanyahu, y Azul y Blanco, del antiguo ministro de Defensa, Benny Gantz, acordaron crear una extraña coalición para enfrentar de manera común el grave problema de la pandemia de covid-19.

Para Netanyahu el pacto le sirvió en sus intentos de evadir la justicia, pues tiene en su contra varios juicios por corrupción. Mientras, Gantz conseguiría hacer realidad su viejo sueño de convertirse en primer ministro, algo que le fue negado en las urnas durante tres votaciones consecutivas.

El acuerdo consistía en que Netanyahu sería el jefe de gobierno hasta noviembre de 2021, cuando cedería el puesto a su más acérrimo rival.

Los analistas siempre consideraron que era un trato pegado con saliva pues los dos políticos sionistas se repudian mutuamente.

Falta por ver ahora si los votantes acudirán a las urnas en las cuartas elecciones en dos años, o la crisis política continuará de manera indefinida, sobre todo ahora que el partido Likud perderá a un estrecho aliado, el saliente presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En todo caso, la caída del gobierno ocurre en medio de un rebrote de la covid-19 que ha obligado a imponer de nuevo medidas de control.

Con una población de 8,8 millones de habitantes, Israel tiene un número elevado de casos con 380 mil enfermos, de los que murieron tres mil cien.

El hartazgo de la sociedad con los partidos tradicionales más el miedo a la enfermedad podrían jugarle una mala pasada a Netanyahu, que cuenta con que las divisiones ocasionadas en la agrupación Azul y Blanco tras el acuerdo con Gantz, le permita alzarse con la mayoría en los próximos comicios.

Una advertencia sobre esto es el fortalecimiento que han logrado dos nuevos partidos en el espectro político israelí.

Se trata de Nueva Esperanza, del exministro de Educación Gideon Saar, a quien los sondeos de intención de voto le colocan ya en segundo lugar.

El otro es la formación de derecha radical Yamina, encabezado por el también antiguo miembro del gabinete de Netanyahu, Naftali Bennet, que le podría robar muchos votos a Likud.

Como ya he dicho en otras ocasiones, nada de esto significa un cambio en la situación de los palestinos, pueblo al que el sionismo está empeñado en borrar de la faz de la tierra con el silencio cómplice del mundo.



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