Al cumplirse el primer mes de contienda bélica, con la implementación de la Operación Furia Épica de los EEUU contra la República Islámica de Irán, de manera ilegal, con respaldo de las Fuerzas de Defensa Israelí, la respuesta de Teherán ha sido contundente, calibrada, y con prioridad de contragolpe sobre aquellos objetivos militares y de apoyo logístico y económico del entorno regional y más allá, comprometidos con la agresión.
Precisamente, el mando del Cuerpo de los Guardianes Revolucionarios Islámicos actualizó la relación de objetivos a batir, ubicados en la región de Medio Oriente, que son activos estadounidenses, y que en lo sucesivo serán considerados blancos militares, en correspondencia con los bombardeos llevados a cabo por la aviación y misiles de los EEUU y la entidad sionista hacia instalaciones civiles.
No pocos fueron los expertos y analistas internacionales que antepusieron sus dudas en cuanto a las posibilidades de éxito rápido que Washington-Tel Aviv se habían planteado antes y, poco después, del 28 de febrero; todo ello atendiendo a los conocimientos profundos sobre la República Islámica de Irán, unido a la experiencia más reciente que significaba la epopeya de la guerra de los 12 días de junio de 2025, cuando Teherán hizo uso limitado de su variado arsenal de misiles y drones convencionales y sofisticados.
A ello se añade, de modo más relevante la participación plena del Eje de Resistencia (Hezbolá, Ansar Allah y la resistencia iraquí) en respaldo al país persa; realidad esta que crea una dinámica diferente que fundamenta no solo el sentir de rechazo bélico a la cooperación estadounidense-israelí, sino que apuesta con resolución contra la existencia misma de la entidad sionista.
Lo antes apuntado coincide con la visión de los expertos y analistas internacionales de distinguir los propósitos y motivaciones de la administración Trump 2.0 y el gobierno ultranacionalista israelí, que encabeza el primer ministro Netanyahu, respecto a la agresión contra Teherán, que el analista de seguridad Pierre Pahlavi[1] lo resume con nitidez, al establecer:
“Ambos buscan debilitar al régimen, pero sus objetivos estratégicos difieren. Estados Unidos apunta a la coerción, no al colapso, buscando obligar a Irán a hacer concesiones en su programa nuclear, sus capacidades balísticas y su postura regional. En la práctica, Washington parece estar apostando a la presión para forzar negociaciones, no para controlar las consecuencias de un colapso”.
A lo referido, añade: “Israel, por el contrario, persigue un objetivo más maximalista: una transformación fundamental del régimen iraní y una reconfiguración del equilibrio de poder regional a su favor. Para el liderazgo israelí, la amenaza de Irán es existencial y a largo plazo, eso justifica una campaña más agresiva y sostenida”[2].
Otro elemento sustancial, lo tenemos en los objetivos posibles de alcanzar por la República Islámica de Irán, que además de defender su soberanía, esta aventura bélica le obliga responder a los retos que le impone su ubicación geopolítica, como resulta el control del estrecho de Ormuz, con todas las repercusiones regional e internacional que ese desenlace significa, al Teherán ubicarse como una potencia en su entorno, cuyo valor añadido es precisamente su capacidad militar defensiva demostrada.
Al mismo tiempo, no pasa inadvertido los diálogos e intentos iniciales de negociación que pudieran avanzar, en un contexto en el que la contienda prosigue; no obstante los argumentos aportados por el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, esclarece la postura del estado persa, cuyas bases firmes pudieran resumirse en su entrevista con Al Jazeera[3], en la que establece, lo siguiente:
El titular de Exteriores iraní consigna que no hay negociación alguna, sino la recepción de mensajes, directos e indirectos (Omán), procedentes del asesor presidencial de los EEUU, Steve Witkoff[4], a su persona, cuyas respuestas son hechas oficialmente a través del ministerio de Asuntos Exteriores o con el conocimiento del mismo;
Los servicios de seguridad también sostienen contactos, usualmente; lo que acontece dentro de un marco específico, a través del gobierno y bajo la supervisión del Consejo de Seguridad Nacional Supremo de Irán. Existe una gestión unificada sobre todos estos asuntos, y no se contempla la multiplicidad ni la existencia de distintos centros de toma de decisión;
“Nuestras condiciones para poner fin a la guerra, son completamente claras: No aceptamos un alto el fuego; buscamos el fin total de la guerra, no solo en Irán, sino en toda la región. También queremos garantías para que estos conflictos no se repitan y se compensen los daños causados al pueblo iraní”, sentenció.
El jefe de la Cancillería iraní dejó por sentado que la seguridad del Golfo Pérsico debe ser garantizada por los países de la región, ante lo cual manifestó que la presencia de bases estadounidenses en ese entorno perturba la seguridad. Frente a dicha realidad sentenció además que la seguridad requiere de una estructura colectiva, conformada por los países de la región.
Paralelamente, el ministro Araghchi observó que el fin de la guerra, desde la perspectiva iraní, resulta una solución integral y completa en toda la región, que contempla a Irán, Líbano, Iraq y Yemen, dejando por sentado que Teherán está listo para sostener la contienda por al menos seis meses, lo que evidencia la disposición y preparación del país persa para encarar la agresión de Washington-Tel Aviv.
En este propio contexto, la Cancillería china dio a conocer que el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, y el viceprimer ministro y ministro de Exteriores de la República Islámica de Pakistán, senador Mohammad Ishaq Dar, se reunieron en Beijing, el 31 de marzo de 2026, para revisar la situación en el Golfo y la región de Medio Oriente, en cuyo ámbito acordaron una Iniciativa de Cinco Puntos de China y Pakistán para Restaurar la Paz y la Estabilidad en el Golfo y el Medio Oriente, que plantea:
- Cese inmediato de las hostilidades (que contempla además asistencia humanitaria para todas las áreas afectadas por la guerra);
- Comienzo de conversaciones de paz, tan pronto como sea posible (asume respeto de la soberanía, integridad territorial, independencia nacional y seguridad de Irán y los estados del Golfo. El diálogo y la diplomacia debe ser la única opción posible para resolver los conflictos).
A lo referido, se añaden:
3. Seguridad de objetivos no militares (respeto del Derecho Internacional Humanitario;
4. Seguridad de los corredores de navegación (restauración del paso normal por el estrecho de Ormuz), y;
5. Primacía de la Carta de las Naciones Unidas[5].
La iniciativa diplomática chino-pakistaní subraya el espacio político y diplomático que Beijing e Islamabab se han granjeado en los últimos años en la región, que son dos actores importantes para la República Islámica de Irán en la escena bilateral.
En el caso de la República Popular China, los vínculos con Irán se han profundizado, de modo significativo, desde hace una década, con ritmo ascendente, tras la firma de un acuerdo estratégico de cooperación bilateral, que agrupa diferentes sectores clave para las partes, pero sobre todo para Teherán.
En lo que respecta a Islamabab, pesa mucho los lazos de seguridad entre ambos países, con causa común frente al terrorismo, a lo que se une que poco más del 20 por ciento de la población paquistaní es de profesión religiosa chií, con predominio en Irán.
Pero no sólo lo apuntado, en relación con Pakistán, habría que tener en consideración en estos momentos, sino también en una perspectiva más amplia se agregan las gestiones diplomáticas emprendidas por Islamabad, al sostener conversaciones con Egipto, Arabia Saudí y Türkiye dirigidas a gestionar la paz en la región, lo que pudiera erigirse como una potencial alternativa frente al estado sionista, en lo fundamental.
En lo sucesivo, en el corto plazo, seguiremos siendo testigos del curso de acción de la guerra, en cuyo contexto lo que se vislumbra es la continuidad de las acciones de los agresores y las reacciones más selectivas de los defensores, con cada vez mayor impacto económico y financiero regional y global.
[1] Es sobrino-nieto del último shá de Irán, Mohamed Reza Pahlavi.
[2] El Mundo.es, 30 de marzo de 2026 En: https://share.google/qMLR8xRPdKZODF6xo
[3] @DropSiteNews, 1 de abril de 2026, Full interview on Al Jazeera with Iran’ Minister of Foreing Affairs, Seyed Abbas Araghchi
[4] Enviado Especial Presidencial para Medio Oriente y Rusia.
[5] Five-Point Initiative of China and Pakistan For Restoring Peace and Stability in the Gulf and Middle East https://www.fmprc.gov.cn/eng/wjbzhd/202603/t20260331_11884511.html
(Rodobaldo Isasi Herrera, Investigador del Centro Internacional de Política Internacional -CIPI-)
