Las parrandas de Majagua: raíces e identidad de un pueblo

Editado por Bárbara Gómez
2023-11-08 21:30:59

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Fotos: ACN.

Las tradiciones son parte de la cultura de cada persona, pueblo o país. Preservarlas, cultivarlas, ayudan a entender las raíces, a crear un fuerte sentido de identidad y pertenencia.

En Majagua, municipio de Ciego de Ávila, sus pobladores cuidan el rico patrimonio cultural que poseen, integrado por las más autóctonas manifestaciones de la vida en el campo.

Entre ellas está la parranda campesina, modalidad de la música, que desde el siglo XIX alegra las zonas rurales, pues quienes viven en esos lugares buscan cualquier motivo para reunirse y así expresar sentimientos de amor a la vida, al arte, a su pareja, a la Patria, pero también para relatar vivencias y costumbres.  

La cantidad de este tipo de agrupaciones fue  motivo para que, en 1983, el poeta local Gilfredo Boan Pina, acreedor de los premios nacional de Cultura Comunitaria y Memoria Viva, promoviera la creación del Festival de Parrandas, que con posterioridad se acordó llevara el nombre de Arbelio de Armas Consuegra (fallecido), en honor a uno de los fundadores de ese certamen, que gusta a niños, jóvenes y adultos.

Desde entonces cada 12 meses, durante la semana de la cultura del municipio, los majagüenses rinden homenaje al Punto cubano, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, con la realización de este tipo de encuentro, que celebra este 2023 su aniversario 40.

El Punto cubano o Punto guajiro es una expresión poética y musical de los campesinos cubanos, consistente en una tonada o melodía acompañada por la voz de una persona que canta composiciones poéticas en décimas, improvisadas o aprendidas.  

Cada agrupación de  repentistas de Majagua, actualmente siete en activo, está acompañada del tres, claves, maracas, güiro, marímbula, bongó, acordeón y el típico machete como instrumento musical.

Estos parranderos, que cultivan el punto camagüeyano y logran que sus cantos se ajusten al ritmo de la música, cuentan en su repertorio con más de 100 espinelas y tonadas aprendidas, las que, en su mayoría, tienen más de un siglo de existencia.

Según testimonios de los habitantes de esta localidad del suroeste avileño, desde mucho antes de la fundación del poblado, el 2 de abril de 1906, en los asentamientos agrícolas aledaños ya se realizaban festejos parranderos que se extendían por varios días.

Toca, entonces, a las actuales y futuras generaciones mantener viva la cultura popular del campo cubano, pues el mundo de hoy, acelerado y en constantes cambios, pone en riesgo las tradiciones y valores de un pueblo. (Fuente: ACN)



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