Por : Arletty Romero Lafargue
En pleno verano habanero, once niños y adolescentes recorren cada sábado largas distancias con una meta clara: llegar a la Nave Oficio de Isla, en La Habana Vieja, para ensayar la obra con la que cerrarán el taller Un Proyecto Raro.

Aun en medio de las dificultades que atraviesa el país, sus familias logran acompañarlos a cada ensayo. Padres, abuelos y hermanos esperan durante las jornadas y celebran cada avance con la misma emoción que los pequeños actores. Algunos, incluso, han pasado a formar parte del elenco.
«Por un pedacito de sueño vale la pena cruzar la ciudad», dice Camila Herzberg, la joven amante de la literatura y el teatro que lidera esta iniciativa junto a su madre Reyma.
La convocatoria, publicada en la página de Facebook de Oficio de Isla, tuvo una respuesta inmediata: en solo dos días se inscribieron treinta niños. Hoy el taller se mantiene con once, quienes han podido sostener el compromiso. Muchos otros no lograron llegar, pero el entusiasmo de los que permanecen ha sido suficiente para que la iniciativa se afirme.

Montar una obra en solo cuatro sábados no es lo común; sin embargo, la puesta en escena ha avanzado contra todo pronóstico. Los talleristas han puesto todo de sí y las expectativas se han superado. Camila agradece de manera especial al reconocido actor Osvaldo Doimeadios, cuya experiencia y apoyo han sido fundamentales en este proceso.
La obra pone énfasis en estimular la creatividad, la experimentación y el desarrollo de la fantasía, tanto individual como colectiva. Los propios niños han creado personajes, aportado parlamentos y dado vida a una puesta en escena colectiva. No solo aprenden actuación; desarrollan escritura, narrativa y la capacidad de imaginar juntos.

Un Proyecto Raro no es solo un taller de verano. Camila aspira a que se mantenga durante todo el año y se convierta en un espacio más serio y enfocado. La necesidad está ahí, y es una petición que hacen quienes llegan hasta la Nave: los niños y sus familias han evidenciado que este tipo de iniciativas son escasas hoy en el panorama cultural de la ciudad.
Camila sabe de sueños. Desde los cuatro años ha enfrentado desafíos que para muchos serían barreras, pero nunca ha dejado de creer. Su madre ha estado a su lado en cada paso, apoyando su carrera y sus iniciativas. Ambas tienen un deseo común: que no existan fronteras para que los niños y adolescentes alcancen sus sueños.
Un Proyecto Raro demuestra que el teatro no necesita grandes escenarios ni presupuestos enormes. Necesita personas dispuestas a creer, padres dispuestos a acompañar, y un pedacito de sueño que valga la pena cruzar la ciudad.
La cita es este sábado 22 en la Nave Oficio de Isla, en La Habana Vieja, a partir de las 10 de la mañana, podrá disfrutar de » Billy y el Club de Jazz». Allí, el telón se levantará para mostrar que lo raro, a veces, es lo más hermoso.
