La vida del doctor Carlos Tamayo, emigrado a Estados Unidos, es la historia repetida de muchos profesionales de la salud cubanos que han desertado, y para quienes esta isla es como la madre que siempre espera a sus hijos estén donde estén, con sus virtudes y defectos.
Integrante del club de emigrados cubanos Félix Varela, este cubano comparte con Radio Habana Cuba su testimonio.
Desertar para mí era un tema que estaba prohibido.
En el caso del Dr. Carlos Tamayo, su deserción se produjo desde su misión en Venezuela con la brigada médica cubana.
Para uno, tácitamente está traicionando muchas cosas, está dejando atrás muchas cosas, incluso está poniendo un tapón de no retorno, era lo que me pasaba a mí para poder afrontarlo… abandonar la misión médica, fue una decisión muy inmadura quizás, en estos tiempos, no lo hubiera hecho. Pero, había un ambiente que propiciaba tales decisiones, había una campaña de Estados Unidos para convencer a los médicos que se fueran….
Al llegar a Estados Unidos esas promesas y esas campañas no se cumplen. El cubano que llega allí, el médico o el personal de salud que llega allí tiene que enfrentar una vida nueva con sus propios recursos, con ayuda prácticamente de sus familiares o simplemente como en mi caso, enfrentar la vida solo. En los principales medios, sobre todo, en redes sociales lo que se maneja es que después no se puede volver.

El hijo pródigo regresa a la tierra donde nació
A mí me mueve mucho la familia. Nací en el seno de una familia de gente humilde, campesina. El orgullo de tener a mi mejor amigo que es mi papá. Regresar a Cuba estuvo motivado en lo fundamental por ese vínculo con la familia, la motivación fundamental fue mi familia realmente. Ver a mi papá después de ocho años…Y regreso muchas veces. Y al regresar, regreso a oxigenarme…
En un momento determinado la inmadurez me hizo abandonar mi país. Ahora te puedo decir que la madurez me hace regresar una y otra vez, y al mismo tiempo, entender lo importante que es regresar, ayudar y aportar, a seguir expandiendo una red de amigos, de profesionales, de gente que realmente en estos tiempos de amenaza, de bloqueo energético, de situaciones precarias que vive el cubano, me permite concientizar que hago más falta aquí que allá…
Venir a Cuba siempre va a ser un privilegio. Ver a la familia, el apretón de los viejos, el café del vecino. Eso siempre proporciona salud espiritual. Que realmente es lo que uno se lleva a la tumba, la salud espiritual que nos nutre….
Regresar a Cuba es haber desempolvado los libros de medicina, los cuentos de la esquina con los amigos, asar un puerco en fin de año, sentarte a intercambiar con amigos, conocer gente inteligente. Entonces regresar a Cuba significa mucho…
Y no solo para mí, si no para muchos que como yo fueron manipulados. Se me ocurre pensar, por ejemplo, en los médicos cubanos que han desertado como lo hice yo, y que aun no han podido regresar a Cuba. Un capital muy grande de científicos, de académicos, de personas muy profesionales que realmente añoran la tierra.
Avanzar en la normalización de las relaciones entre los pueblos de Estados Unidos y Cuba debe ser el primer paso para que todo lo demás se elimine: bloqueo, injerencias, amenazas.
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