La niña que asusta a Israel

Foto/RT.

Por: Guillermo Alvarado

Israel, el Estado “valiente” que insiste en jugar el papel de gendarme en el Oriente Medio, respondiendo con bombas a las piedras e ignorando con sarcasmo las normas de la convivencia civilizada entre las naciones, está mostrando en estos días un miedo cerval ante una niña palestina de 16 años que propinó una sonora bofetada a uno de sus “bravos” soldados en el territorio ocupado de Cisjordania.

La temible transgresora se llama Ahed Tamimi, cuya imagen ha dado la vuelta al planeta con sus cabellos rojos ensortijados, rebeldes como ella, la mirada desafiante, cuerpo menudo y una voluntad de hierro nacida de un elemental hecho: desde que vino al mundo no ha conocido otra cosa que los abusos del ejército sionista, que asesinó a varios miembros de su familia y capturó a sus padres repetidas veces.

El 19 de diciembre pasado, cuando el pueblo palestino protestaba por la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel, soldados del ejército ocupante irrumpieron en el patio de la casa de Ahed, quien los interpeló, empujó y abofeteó a uno de ellos.

El incidente fue grabado y se difundió, lo que motivó la ira, o más bien el temor de Tel Aviv, por lo que, en una operación militar ejecutada en la madrugada, los “valientes” soldados israelíes, armados hasta los dientes y los rostros cubiertos con máscaras, no fuera a ser que los reconocieran, asaltaron la casa de la niña y la capturaron como si se tratase de un peligroso criminal.

El uso de semejante fuerza militar contra una adolescente por parte de un Estado que se dice poderoso no es en absoluto una muestra de valor, sino más bien la manifestación de cobardía, debilidad y un miedo angustioso.

Así lo demuestran los acontecimientos que siguieron a esta acción. Ahed fue detenida y consignada a los tribunales y el ejército israelí la acusa de 12 cargos, entre los que figuran atacar a las fuerzas de seguridad en cinco ocasiones, arrojar piedras, participar en manifestaciones violentas, amenazas e incitación al terrorismo. Un juez militar pedirá una condena que va de 20 años de prisión a cadena perpetua. Hay que encerrarla de por vida para que no siga abofeteando a indefensos soldados sionistas.

Ahed representa a miles de niños palestinos que sufren prisión en cárceles israelíes sólo porque a sus captores les da la gana, en abierta violación a las convenciones internacionales que garantizan seguridad, salud y bienestar a los menores.

Cuán débil debe ser un Estado para tener un miedo tan grande a los niños de un pueblo que mantiene bajo la opresión más inhumana de que se tenga noticia en los tiempos recientes.

Así lo demostró el ministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman, cuando calificó a la niña Ahed Tamimi como una peligrosa “terrorista”. Sin duda alguna piensa condecorar al corajudo soldado que recibió la bofetada de esta adolescente palestina por haber sobrevivido a semejante afrenta y mantener así en alto la moral y el estado de ánimo de un ejército que no para mientes en disparar contra menores, mujeres o ancianos, no vaya a ser que los lastimen.

Editado por Maite González Martínez



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