Estados Unidos en la Era de Trump

Foto: Archivo.

Por: Jorge Ruiz Miyares

En breve el 45to presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, arribará a los tres años de su mandato.

El empresario y personalidad de televisión devenido en el primer mandatario de la nación con más ansias de hegemonía del planeta, va llegando a la fecha instaurando varios récords y siendo el tercer presidente en toda la historia de la Unión Norteamericana que haya sido sometido formalmente a un proceso de destitución.

Como si aún permaneciera en la conducción de su serie televisiva, El Aprendiz, donde hizo famosa la frase ¡Estás despedido!, Trump ha establecido el récord de ser el presidente que más funcionarios haya destituido durante una administración.

Las bajas incluyen a asesores de Seguridad Nacional, jefe de Gabinete, secretarios de estado y otros altos cargos, algunos con los tiempos de servicio más cortos en la historia de sus respectivas oficinas.

Además de exhibir un nivel inusual de grosería, inmodestia y carencia total de las características más básicas de comportamiento y liderazgo que deben caracterizar a un estadista, Donald Trump estableció la presidencia Twitter. Otro récord.

Si antes de su elección la red social era ya una importante herramienta política, que lo ayudó a acceder a la Oficina Oval, una vez en ella, convirtió a esa plataforma en un instrumento de uso diario, reconfigurando la naturaleza de la presidencia y la forma de ejercerla en los Estados Unidos.

En sus más de 11,000 tuits presidenciales, ataca a todo y a todos: personas, grupos, instituciones o medios de comunicación, incluidos miembros de su administración, y como blanco preferido, los demócratas.

En política exterior, su desprecio al multilateralismo se ha hecho patente en distintos frentes. Abandonó el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), se retiró del Acuerdo de París sobre el cambio climático y del acuerdo nuclear con Irán. Sacó a Estados Unidos de la UNESCO y del Consejo de Derechos Humanos, así como retiró la cooperación a la Agencia de la ONU para la Atención a los Refugiados Palestinos.

Estados Unidos ha sufrido durante su mandato sonadas derrotas en escenarios internacionales y estruendosos ridículos en la Asamblea General de la ONU.

La votación de las resoluciones que piden el cese del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, o la aprobación por esa instancia de la delegación del presidente Nicolás Maduro, como la representante auténtica y oficial de Venezuela ante ese organismo internacional, fueron ejemplos.

En temas económicos, la guerra comercial con China ha ocupado un papel preponderante durante su mandato. A finales de año aparentemente las dos naciones lograron un consenso sobe la llamada Fase Uno de un acuerdo comercial.

También alcanzó en diciembre la aprobación de un tratado comercial con Canadá y México que sustituye al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica firmado durante la Administración Clinton

El magnate inmobiliario cuenta entre sus coterráneos con personas que lo odian profundamente y otras que lo adoran con devoción. Esto se manifiesta en medio de la polarización que vive el país con relación a los más disímiles temas, desde el medio ambiente, a la tenencia de armas, la presencia de los inmigrantes en el país, etc.

Por otro lado, no debe subestimarse que la tasa de desempleo se encuentra en un 3,5 %, su punto más bajo en el país norteño desde 1969.

Una reciente encuesta de Gallup indica que el 55 % de los encuestados cree que la situación económica del país es “excelente” o “buena”.

Un sondeo de la Universidad de Quinnipiac, realizado entre el 11 y el 15 de diciembre, indica que el 52% de los encuestados desaprueban la labor de Trump, quien ha tenido bajos niveles de aceptación prácticamente durante toda su gestión.

Con relación al espectro que lo acompañó desde los primeros días de su mandato que alentaron a muchos a pensar en una impugnación, el proceso no surgió de la investigación de dos años sobre la supuesta injerencia rusa en las elecciones, conducidas por el fiscal especial Robert S. Mueller.

Tampoco resultó de otras acusaciones de corrupción y mala conducta, entre ellas la evasión de impuestos, aumentar sus ganancias desde la presidencia, sobornos a una actriz de cine pornográfico y actividades fraudulentas de su fundación benéfica.

Fue el contenido de una llamada realizada por Trump en julio pasado al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, develado por un informante, lo que finalmente condujo al juicio político.

En esencia, el mandatario estadounidense advirtió que una jugosa asistencia financiera aprobada por el Congreso para el país euro oriental no sería entregada hasta tanto no se comenzara una investigación sobre supuestos actos de corrupción de Hunter Biden, hijo del candidato presidencial demócrata, Joe Biden.

La Cámara acusó al presidente de abuso de poder por utilizar de manera corrupta las palancas del gobierno en el mencionado asunto. Fueron dos los cargos aprobados: el primero por abuso de poder y el segundo por obstrucción del Congreso.

El momento del inicio del juicio es incierto, ya que la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, podría dilatar el envío de los cargos al Senado. La experimentara legisladora, conociendo que la absolución en el Senado es puro trámite, podría posponer el inicio del proceso para que la absolución no se convierta en una carta de triunfo del mandatario durante las elecciones.

Por ahora, los republicanos marchan seguros e insisten en que el proceso contra el presidente fortalece la unidad del Partido detrás de su candidato y galvaniza a los electores en los estados clave para las votaciones en 2020.

Debe recordarse que, en las elecciones de 2016, Hilary Clinton ganó el voto popular con 2,8 millones de votos más que Trump. Sin embargo, perdió porque el millonario la superó en votos en el Colegio Electoral, que es la instancia que realmente adjudica la presidencia del país.

El voto de los estados que conforman el llamado “Cinturón Industrial”, que va desde la la costa atlántica hasta Wisconsin oriental, dio la presidencia a Trump. El apoyo de sus trabajadores, empobrecidos por la globalización y el neoliberalismo de administraciones anteriores, fue clave en su victoria y lo podría ser para sus pretensiones de reelección en 2020.

La famosa máxima del expresidente Bill Clinton, de “Es la Economía, estúpido”, se pondrá a prueba una vez más.

Y mientras llega noviembre de 2020, republicanos y demócratas echarán mano a todos los recursos posibles por imponerse en la contienda.

Editado por Lorena Viñas Rodríguez



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