La derechista presidenta peruana, Keiko Fujimori, es la más reciente de los gobernantes latinoamericanos con interés en aproximarse al llamado Escudo de las Américas, hecho a la medida de Estados Unidos.
Con ese nombre, la potencia nuclear convocó en marzo último en la Florida a varios gobiernos de la región, considerados sus amigos, para establecer una coalición contra lo que describe como cárteles, pandillas y redes criminales transnacionales.
Se trata de una plataforma dispuesta a asumir las prioridades de la Casa Blanca, o sea, no solo contra lo que llama redes criminales, sino contra gobiernos, organizaciones y personas molestas para los intereses intervencionistas de la administración de turno, en este caso la de Donald Trump.
El Escudo de las Américas se perfila como puntal en la estrategia de seguridad de Washington, con vista a recuperar espacios de influencia económica y política perdidos.
En Estados Unidos están alarmados por la creciente presencia de intereses económicos de China, actores europeos y de Oriente Medio en lo que consideran su patio trasero.
Con los años, América Latina diversificó lazos externos, incluyendo Beijing, y surgieron foros como el de China-CELAC, para disgusto de los gobernantes en la potencia del Norte y beneficios para el área al sur del Río Bravo.
Estados Unidos responde con estructuras de cooperación selectiva en la esfera de la seguridad, con vistas a reforzar sus prioridades al sur de sus fronteras.
A diferencia de las estructuras trazadas por Washington, los espacios delineados por China respetan principios de soberanía, no injerencia y cooperación mutuamente beneficiosa.
El Escudo de las Américas apunta como coalición militar, según se dice contra los cárteles de la droga, pero pudiera enfrentar a gobiernos no seguidores de los patrones al uso en la administración del magnate republicano.
No por casualidad la cumbre en la Florida que dio luz verde al Escudo presentó un sesgo ideológico, pues los 12 primeros mandatarios invitados son de derecha y aplauden a Trump.
O sea, el Escudo de las Américas puede alterar el orden internacional y evade el multilateralismo, para encumbrar los grupos integrados por socios afines.
No debe asombrar entonces que Javier Milei, José Antonio Kast, Daniel Noboa y Keiko Fujimori, esta última hija de un ex-dictador, se identifiquen claramente con este aparato descrito como de «defensa continental».
