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Teresa Amarelle Boué: cubanas en resistencia

por rhc-admin

Por Dixie Edith

«Usted no ha visto a una mujer cubana decaer», asegura Teresa Amarelle Boué, secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). En esa declaración recoge la actitud con que la organización femenina celebra este domingo su aniversario 66.

En un contexto global donde emergen, cada vez con mayor fuerza, discursos de odio que amenazan los derechos de género, pero también en medio de la dura situación que enfrenta Cuba, la FMC apuesta por fortalecer su labor en los barrios, asegura la integrante del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Amarelle Boué conversa claramente acerca de las brechas que abre en el tejido social la crisis económica -recrudecida por las más recientes medidas de Estados Unidos-, pero también sobre la capacidad de las mujeres para sostener a sus familias y comunidades desde la solidaridad y la creatividad.

En un escenario internacional marcado por retrocesos en políticas de igualdad, ¿qué significa para la FMC celebrar este 66 aniversario y cómo trabaja para no retroceder en los derechos ganados por las cubanas?

-La Revolución ha tenido siempre un compromiso inquebrantable con la universalidad de los derechos de las mujeres y de las personas en general. Históricamente, los esfuerzos legislativos -y las políticas económicas y sociales- se han encaminado a respetar ese compromiso.

Sin embargo, las severas limitaciones económicas impuestas desde Estados Unidos, y sobre todo la más reciente política de asfixia de la administración de Donald Trump, se traducen en obstáculos cotidianos que dificultan el pleno disfrute de esos derechos.

En el ámbito de la salud sexual y reproductiva, por ejemplo, la carencia de divisas para adquirir insumos, las crecientes dificultades para acceder a mercados donde encontrarlos o a navieras que los transporten, entre otras trabas, provoca desabastecimiento de anticonceptivos y medicamentos.

La falta de reactivos y repuestos para equipos de diagnóstico afecta la capacidad de realizar pruebas tempranas y seguimientos adecuados en el embarazo, lo que incrementa los riesgos para la salud materna, aun cuando el personal médico mantenga alta calificación y vocación de servicio.

En la educación, que también ha sido muy afectada, acabamos de terminar un curso escolar muy complejo para estudiantes y familias, que tenían que llevar a los niños a los centros como pudieran. Pero también para profesores y maestras, que madrugaban con apagones y tenían que estar temprano frente al aula, dando una clase proactiva para que los niños no se durmieran.

En medio de esa dura situación, ¿cómo han demostrado las mujeres cubanas resiliencia en sus comunidades y familias?

-Las condiciones actuales ponen a la FMC frente a un reto extraordinario. También frente a oportunidades, porque quizás no éramos tan enérgicas en pedir a las mujeres, por ejemplo, que reactiváramos la agricultura familiar. Hoy lo tenemos que hacer. Es importante que se entienda que tendremos lo que seamos capaces de producir.

Reconozco que a veces nos agobia porque confluyen varias necesidades. No es solo el apagón; cuando hay apagón tampoco hay agua. Es complejo tener que comprar alimentos a diario para que no se echen a perder. Estamos enseñando a las personas a conservarlos, asesoradas por quienes saben del arte culinario.

También trabajamos con las brigadistas sanitarias en cursos de primeros auxilios, para que en una comunidad la gente sepa qué hacer ante una agresión militar. Esto no es nuevo, pero lo estamos adaptando a las condiciones actuales.

Hemos creado brigadas de costureras para, cuando inicie el nuevo curso escolar, ayudar a las familias a arreglar los uniformes. También se hacen donaciones de una generación a otra de uniformes de quienes ya terminaron la primaria o la secundaria.

Visité hace dos o tres domingos a varias familias con situaciones complejas. Vi cómo el barrio contribuye, cómo un blíster de medicamento recorre la comunidad porque a uno le faltan pastillas y a otro le sobran. O cómo se ayudan con los alimentos, preparando comidas colectivas.

Intercambiar con las mujeres en las comunidades hoy es un aprendizaje. Hay que recordar que el Período Especial lo anunció Fidel en un congreso de la FMC.

También con las mujeres abordó los temas de la Revolución Energética, y fueron ellas quienes le aportaron ideas. El General de Ejército ha comentado de sus aportes cuando estaban naciendo los mercados campesinos.

Hablamos de Fidel y de Raúl, pero también de Díaz-Canel. Nuestro primer secretario ha sostenido innumerables encuentros con mujeres diversas. Y muchos de los problemas que ellas han planteado terminan convertidos en normas jurídicas.

Hay muchos proyectos comunitarios que ayudan a aliviar la situación y a fomentar la solidaridad. Luchamos porque el egoísmo no sea una característica de la familia cubana. Nunca lo ha sido y ahora tampoco puede serlo.

¿Qué estrategias impulsa la FMC para acompañar a quienes enfrentan situaciones de vulnerabilidad en este momento tan complejo?

-A las mujeres en situaciones vulnerables tenemos que enseñarlas a salir de ellas. Debemos evitar el asistencialismo, que a veces lo que hace es daño. Hay que decirles: «te vamos a apoyar con este recurso, pero para que salgas adelante»; y enseñarlas a hacerlo. Una prioridad es incorporarlas al empleo.

Tenemos una brecha grande en el empleo. Por eso promovemos proyectos en combinación con las mipymes, con las cooperativas no agropecuarias y con empresas estatales para dar empleo a mujeres en la comunidad.

El objetivo final es que obtengan beneficios económicos, pero también que eleven su autoestima y no tengan que bajar la cabeza para pedir nada a nadie.

Para ello garantizamos con el Ministerio de Educación el derecho a círculos infantiles o buscamos opciones en las casitas; los niños mayores van al seminternado.

Un ejemplo es el proyecto ESPUmás, entre la FMC y el Ministerio de Comercio Interior, que ha dado trabajo a mujeres con situaciones familiares complicadas. Ellas obtuvieron ingresos desde sus casas y han crecido. Ya no es solo una mujer con una lavadora; muchas tienen talleres de costura, se plancha la ropa y apoyan a personas en situación de vulnerabilidad.

Hay otras muchas medidas aprobadas que favorecen a madres de menores con discapacidad severa o a personas que cuidan a familiares dependientes, la mayoría mujeres. En otros casos, algunas propuestas no han podido cumplirse porque necesitan presupuestos y recursos que hoy no tenemos. Pero seguimos.

¿Qué avances considera más significativos en la atención a la violencia de género en estos últimos años y cuáles son aún los principales desafíos?

-No hay dudas de que los avances en este sentido están muy relacionados con toda la legislación que se ha venido aprobando desde 2019. Tenemos normas para atender la violencia de género en el ámbito civil, penal, administrativo, familiar y laboral.

Además del Código Penal, están los ejemplos del Código de Trabajo, del de las Familias; la ley de salud, la del deporte, la ley de educación, entre otras.

Formamos parte, como mecanismo nacional, de todos los procesos legislativos. Contamos con un grupo de expertas que nos abrió el camino y nos ayudó en las propuestas. Tenemos una estrategia integral para atender la violencia de género y familiar, con componentes que van desde el ámbito de la institucionalidad a nivel de país hasta lo local comunitario.

Tenemos muchas leyes, pero hay un desafío en su implementación en el espacio local comunitario. Y otro muy importante relacionado con el imaginario social, con la subjetividad de las personas y la manera en que se naturalizan estereotipos de género que sustentan la violencia. Esa es una labor de prevención cara a cara, persona a persona.

La televisión ha contribuido a visibilizar que el fenómeno existe. Algunas personas dicen: «eso que pusieron en la novela está muy fuerte, no hay ninguna mujer cubana que deje que le hagan eso». Y yo les digo: sí las hay. Esos son problemas reales.

Contamos con consejerías de violencia que deben funcionar en las sedes de la FMC, pero no todas funcionan bien: a veces no tenemos personal preparado, otras no lo hemos divulgado suficiente u organizado bien en algunos municipios.

Ahora trabajamos los servicios integrales para la atención a víctimas. Reinauguramos recientemente un servicio especializado en la sede nacional de la FMC. También se abrió otro en La Habana Vieja, coordinado por la Organización de Bufetes Colectivos, que atiende personas de todo el país. Ambos con apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa).

Todos los organismos tienen protocolos de actuación, pero hay que lograr que las personas entiendan que la mujer no es propiedad de nadie, que tiene sus propios derechos, su propio lugar en la sociedad; no por bonita ni por bella, sino porque es su derecho, se lo ha ganado y tiene un liderazgo natural.

En 2025 los casos juzgados por violencia decrecieron con relación al 2024. Ya podemos hacer esa comparación con estadísticas oficiales, que también debemos perfeccionar.

Pero lo más importante es evitar que una mujer sea víctima: una sola que nos asesinen, que tenga miedo, que no denuncie, es un motivo para seguir trabajando.

¿Cómo imagina el papel de la FMC en los próximos años en la construcción de una sociedad más justa, y más feliz?

-Somos más de cuatro millones de mujeres, el 92 por ciento de las mayores de 14 años de todo el país. Esa es la fortaleza de la FMC. Hemos llegado hasta aquí por la capacidad de escucha, por el vínculo con las mujeres, por saber cómo se siente una médica, una ama de casa o una jubilada lo mismo en El Salvador, en Guantánamo que en el Vedado, en La Habana.

Aquí aprendemos todos los días de la diversidad de mujeres. Lo que más me ha aportado como secretaria general es escucharlas, estar con ellas, ya sea a las dos de la mañana en un cuerpo de guardia de un hospital, a las tres de la tarde en un campo de boniato o en un centro científico. Esos encuentros nos permiten cumplir el rol de interlocutoras entre las mujeres y el gobierno.

Es la FMC quien más ha luchado por los derechos de las mujeres en Cuba. Esa lucha la hemos sacado de los intercambios con las mujeres, con las activistas sociales, de los grupos que se crean en redes sociales, de las expertas que tantas ideas nos aportan.

El futuro lo veo con 66, 67 años más de FMC, con mujeres diferentes que serán capaces de aportar. Porque de este momento duro vamos a salir. Estoy segura, porque escucho mucho a las mujeres y sé cómo piensan.

Tomado de Prensa Latina

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