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Camilo lleno de fuerza y de poesía

por Pablo Rafael Fuente
Camilo Cienfuegos

Un hombre en uniforme verde olivo, con barba frondosa y una mirada transparente. La silueta podría confundirse con la de los muchos guerrilleros de la Sierra, pero no, hoy, esa descripción amerita que se agregue un sombrero alón –que según cuentan, «tomó prestado» de un campesino de esas lomas porque «le lucía más al capitán»–, y que se mencionen las flores al mar.

Fue tanto el hombre común, como el héroe, «una figura legendaria» a decir de Vilma Espín, quien también mencionó: «Si nosotros inventáramos un nombre para un personaje de leyenda le podríamos poner el nombre de Camilo Cienfuegos».

La barriada de Lawton, en La Habana, el 6 de febrero de 1932, vio nacer al muchacho que con 17 años ingresó a la Academia Nacional de Bellas Artes; al hombre que dio el paso al frente contra Batista en el año 1952, y que desde la Universidad escribió Identificación Moral –artículo contra el dictador–. Aquel joven, tras pasar por el exilio, encontró su camino en la lucha guerrillera.

Si se busca un resumen de su vida, diría que Camilo Cienfuegos fue Comandante del Ejército Rebelde, expedicionario del Granma, «Héroe de Yaguajay», compañero inseparable del Che, sastre de oficio, hombre humilde de carácter jovial y sonrisa sincera, y uno de los dirigentes más carismáticos de la Revolución Cubana.

Pero ese hombre del sombrero alón fue más que eso. Fue quien adoró a los animales y le puso Fulgencio a un perrito que se apareció en su casa, al poco tiempo del golpe de Estado.

Fue el jefe que, en aquel lejano diciembre de 1957, organizó una velada con los hombres de su pelotón, en la que había desde una orquesta llamada Cuba Libre hasta uno de los combatientes improvisando puntos guajiros. Todo para ahuyentar la nostalgia de tener a los familiares lejos.

Fue el mismo que en plena invasión se sentó a coser los uniformes de los guerrilleros en la máquina de una campesina y le dijo: «¿no sabe que fui sastre?». Y el que, herido en Pino del Agua, se levantó entre los tiros para exigir a sus hombres que se retiraran y salvaran a un compañero herido.

Camilo era el guerrillero que siempre «tenía una reservita» de comida o café que compartir con sus compañeros. Y ese que durante un discurso del Comandante en Jefe cortó una llamada telefónica alegando que «cuando Fidel está hablando, lo único que debe hacer un revolucionario es oírlo».

Camilo Cienfuegos es un nombre «lleno de fuerza y de poesía», como dijo Vilma, y «el más brillante guerrillero», sentenció el Che Guevara.

Fuente: Granma

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