La hermandad entre Cuba y Etiopía data del 18 de julio de 1975, cuando se establecieron relaciones diplomáticas, pero un hito significativo estuvo en la victoria obtenida en la batalla de Karramara el 5 de marzo de 1978 en el desierto del Ogaden, que contribuyó a salvaguardar la integridad e independencia de esa nación del cuerno de África.
Con posterioridad se inicia el Programa de Educación Internacionalista, que trajo a la isla caribeña a más de 1 200 niños y adolescentes etíopes de entre 8 y 17 años, en junio de 1978 en el buque Africa-Cuba, que arribó el 9 de julio, para poblar cuatro escuelas en la Isla de la Juventud. Así nació el programa de formación de estudiantes etíopes en Cuba, que benefició a 5 000 jóvenes.
Eran hijos de los mártires de la guerra, y sus historias están asociadas a la zafra de la toronja, los matutinos escolares con el uso del uniforme, el aprendizaje del idioma español y comer alimentos diferentes a su tradición como el congrís, el panqué, la gaceñiga y el masarreal. Hoy entonan con orgullo las notas del Himno Nacional de Cuba.
En su memoria están los primeros amores, las excursiones a la playa y a la piscina, el paseo por los parques de Gerona, ir al cine, conocer el juego de béisbol y el baile de casino. No obstante, en la escuela les fue inculcada la preservación de sus tradiciones nacionales, sin obligarlos a renunciar a su identidad, ni a sus raíces, que fueron estimulados a mantener y recordar.
Nunca tuvieron condiciones de lujos y vivieron los mismos beneficios y oportunidades del pueblo cubano, así lo relata Tekaliñ Cherbaba, quien vino en 1983 con 13 años.
-Antes de venir a Cuba estuvimos becados en una escuela en Etiopía. Allí nos explicaron dónde quedaba Cuba, sus características principales, temas relacionados con sus costumbres y modos de vida. Los funcionarios diplomáticos cubanos nos daban charlas y nosotros preguntamos todo lo que queríamos saber.
«Viajé en avión y todo concluyó en una escuela en la Isla de la Juventud. Fuimos tratados con mucho amor por parte de los profesores cubanos y de los “tíos” (trabajadores) del comedor y la limpieza. Tuvimos que adquirir hábitos que ni siquiera conocíamos como usar los zapatos, bañarnos diariamente y mantener los uniformes limpios y planchados.
«Pienso que hubo un aprendizaje rápido. Nuestra principal tutora era la maestra que nos enseñó el idioma y a ella le cogimos mucho cariño porque su labor no concluía en las aulas sino que nos llevaba a excursiones fuera del centro y con ella conocimos la playa, los museos y las actividades realizadas en Gerona.
«Aunque probamos la comida cubana en la preparatoria de Etiopía, siempre fue un choque tenerla que comer diario en la escuela de la Isla de la Juventud, con el uso de las bandejas metálicas. Igual nos impactó las altas temperaturas de Cuba con su calor ambiental.

Estudiantes etíopes en la Isla de la Juventud. (Foto de archivo)
«Se exigió mucho rigor para los estudios, con una sesión de clases y otra de trabajo en el campo, principalmente en el cultivo de la toronja. Cursé la primaria, luego la secundaria y el preuniversitario. Con posterioridad vine a La Habana a estudiar Control Automático en la CUJAE (Centro Universitario José Antonio Echevarría). Esa carrera exigió de mi, gran disciplina para vencerla por su alto contenido en cálculos matemáticos y en tecnología.
«Además en esa etapa transcurrió el “Periodo Especial”, la crisis económica originada por la caída del campo socialista y el recrudecimiento del bloqueo que llevó al pueblo cubano a un periodo de escasez. Todo lo superé como cualquier otro cubano más.
«En ese periodo el gobierno de Mengistu Haile Mariam cambia y hay un periodo de distanciamiento diplomático entre los dos países con el cierre de embajadas de 1992 al 2006. Nosotros quedamos como en un limbo y al concluir la carrera decidí quedarme a vivir en Cuba, que nuevamente nos acogió. Llevo más de 40 años aquí y me siento un cubano».
¿Qué te aportó Cuba?
-Mucho conocimiento y me siento muy agradecido por lo recibido. Hasta en los tiempos difíciles vividos en Cuba estuvimos acompañados y arropados por las autoridades cubanas y sus funcionarios».
