Mientras el presidente Donald Trump habla sobre lo que denomina posibilidad de tomar el control de Cuba, el secretario norteamericano de Estado, Marco Rubio, niega la existencia del cerco energético sobre el archipiélago caribeño y señala que Washington ofrece cuantiosa ayuda humanitaria.
A pesar de que el 10 de abril se celebró en La Habana un encuentro entre delegaciones de Cuba y Estados Unidos, lo que constituye un aspecto positivo, lo cierto es que solo se trata de conversaciones y no de diálogo.
Prosiguen las presiones, amenazas y medidas coercitivas unilaterales de la administración de Donald Trump contra la mayor de las Antillas, cuya población sufre por ello penurias agravadas.
El magnate republicano firmó dos órdenes ejecutivas en lo que va de año para reforzar el bloqueo de más de seis décadas y entre ellas resalta la prohibición a terceros de venderle combustible a La Habana.
Recientemente, Washington impuso sanciones a un enclave niquelífero de la nación caribeña y a un conglomerado empresarial, como derivación de la orden ejecutiva del primero de mayo y que amplía el margen para ejercer nuevas prácticas adversas.
En medio de esos brutales pasos punitivos, enfilados a complementar el castigo colectivo hacia la sociedad cubana, el secretario Rubio habla de lo que según él serían “gestos” de su gobierno.
El Secretario se refirió a lo que califica de oferta humanitaria de 100 millones de dólares, mientras en redes y en la prensa se menciona un ofrecimiento de instalar la plataforma Starlink gratuita, asistencia agrícola y apoyo en infraestructura.
Rubio no dijo que todo lo brindado está asociado a un cambio del modelo económico cubano y a la renuncia a su soberanía, o sea, es una propuesta condicionada.
El gobierno de la nación caribeña reitera la disposición a conversar sobre todos los temas con la excepción de abordar la soberanía interna.
En la mayor de las Antillas distinguen entre las exposiciones vinculadas a apremios para que haya cambios al estilo de los patrones de Washington, y la ayuda generosa de países que, como China y Rusia, tratan de socorrer ante las presiones de los inquilinos de la Casa Blanca.
Los cubanos no pierden de vista además de que Estados Unidos parece inclinado a una ruta peligrosa, la de la agresión, lo que puede conducir, en opinión del canciller Bruno Rodríguez, a consecuencias inimaginables.
