Por: Angélica Paredes López.
Hace 124 años se izó nuestra enseña nacional en el Palacio de los Capitanes Generales, en La Habana. La fecha marcó el nacimiento de una colonia disfrazada bajo el nombre de República. Solo los anexionistas pueden celebrar el 20 de mayo, día en que la Isla se convirtió en una República secuestrada por el imperio norteamericano.
Ese día -del quinto mes del año- es una fecha festiva solo para quienes guardan pretensiones de dominación imperialista sobre la nación caribeña.
Izar nuestra bandera, sin otra al lado, en 1902, fue un acto de independencia simbólica. El 20 de mayo fuimos una vez neocolonia; y, desde entonces, Cuba consultaba cada paso al vecino poderoso.
Relata la historia que el 20 de mayo de 1902, al arriar la bandera norteamericana e izar la cubana, parecía que los versos de Bonifacio Byrne se harían realidad. Cuentan que, hasta la fecha escogida para la investidura como presidente de Tomás Estrada Palma, indicaba una coherencia con los anhelos independentistas de José Martí, caído en combate el 19 de mayo, siete años atrás.

Sin embargo, lo que surgió fue un nuevo modelo de dominación neocolonial. Se instauró una fórmula de dominio imperialista que dotaba a Cuba solo de una independencia “formal”, pues en la práctica, la República estaba atada de pies y manos por la existencia de la Enmienda Platt, ese engendro jurídico que le daba a Estados Unidos el derecho de intervención cuando considerasen en peligro sus bienes e intereses en la Isla.
¿Qué sucedía, entonces, con la aspiración martiana de la República diseñada en su discurso del Liceo Cubano de Tampa, en 1891? Historiadores refieren que el patriota Juan Gualberto Gómez, gran amigo de José Martí, el propio 20 de mayo de 1902 escribió un esclarecedor artículo titulado “La Revolución del 95”, donde reconocía que el ideario martiano había muerto en Dos Ríos y que el gobierno instituido estaba condicionado por relaciones de subordinación a Estados Unidos.
Sin ninguna duda, la de 1902, era una república lastrada. Muchas décadas después, el reconocido historiador cubano Eusebio Leal afirmó en una magistral entrevista concedida al colega Pedro Martínez Pírez que “la República nació bajo las circunstancias de no ser hija legítima de la Revolución, sino su aborto”.
Documentos de la época confirman que también el 20 de mayo de 1902, el periódico habanero “El Fígaro” hacía énfasis en el alejamiento del ideario martiano y cómo la intervención norteamericana había desviado a la Revolución de su cauce.

La obra martiana y sus anhelos independentistas quedaron inconclusos. Lo que nació el 20 de mayo de 1902 -apenas comenzando el siglo XX- fue una caricatura huérfana de soberanía, encadenada por la Enmienda Platt y con total dependencia económica del poderoso vecino del Norte.
Lo que vino después, no solo está en los libros de texto. Se mantuvo en la memoria de quienes vivieron bajo el dominio neocolonial; y en el legado que dejaron sucesivas generaciones de cubanos de donde surgieron mujeres y hombres dispuestos a hacer realidad los sueños independentistas de Martí y de ver ondeando, por fin, soberana, la bandera de la estrella solitaria.
Contrario a lo que pretenden mostrar quienes calumnian y ofenden a la Patria, la República nació colonizada y servil. No fue hasta el primero de enero de 1959 que Cuba conoció la verdadera independencia.

El triste y sombrío 20 de mayo apenas sirve para recordarnos cuánto sacrifico, cuánta lucha y cuánta sangre costó desatar las cadenas que nos dejó la neocolonia.
El 20 de mayo no es, ni será jamás, una fecha patriótica; es un insulto a la memoria de la nación, a sus héroes y mártires. La libertad, soberanía y libre autodeterminación del pueblo cubano llegarían 60 años después de la intervención yanqui, cuando el primer día de enero de 1959 fue proclamado por el Comandante en Jefe Fidel Castro el triunfo de la Revolución cubana, profundamente martiana.
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