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Un día feliz

por Nuria Barbosa
escolar

Hoy, 1ro de septiembre, el amanecer en La Habana resultó diferente. No por las cálidas temperaturas, ni por la luna llena que va disminuyendo en su visibilidad, ni por la oscuridad de las calles o el silencio por la nulidad de transporte.

Tampoco por el molesto apagón que nos deja sin electricidad muchas horas al día y tenemos que inventarnos la vida con gran creatividad para resolver la cotidianidad de alguna forma.

Hoy hubo una luz distinta, de colores uniformados, de mochilas colgadas en los hombros infantiles, de niños y adolescentes deseosos de llegar a su escuela, de padres acompañando a sus hijos para no perderse la fiesta.

El vecinito se levantó más temprano que la madre y la apuraba porque «No quiero llegar tarde», y eso significa el reencuentro con los amigos que no vio en vacaciones, el saludo con el nuevo de la escuela, el chiste y el juego para comenzar el curso.

También hablar del grado que comienza con la incógnita de ser más difícil que el anterior y vencer todas las materias con notas sobresalientes, porque de eso depende el futuro soñado con alguna profesión.

La escuela lo espera en el mismo lugar y con la misma edificación, pero sus colores tienen otro brillo, porque los maestros llegaron temprano y todo está engalanado para dar inicio al curso escolar, con la particularidad de darse en un momento muy complejo para el país, que no ha escatimado esfuerzos y ha dispuesto lo básico para la continuidad de la instrucción.

Las condiciones de vida están transversalizadas por las limitaciones económicas causadas por sanciones injusta del gobierno estadounidense que siempre ha pretendido bloquear esta fiesta del saber.

El curso escolar comienza y ojalá no se detenga hasta julio, que no haya ciclón o epidemia que lo pare, porque en Cuba la enseñanza está garantizada de forma gratuita y pública desde el nacimiento hasta los títulos que se puedan alcanzar con el conocimiento individual.

El día es diferente, aunque la rutina aparentemente sigue siendo la misma. Un millón 500 mil adolescentes en todo el país volvieron a las aulas y eso es una garantía social conquistada, para no perder jamás.

Vendrán más “Primeros de Septiembre”, y este curso será épico. Seremos testigo de la construcción de la historia con nuestras propias manos, porque vivimos en un país libre.

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