María Elena Llorente, Primera bailarina y Maître del Ballet Nacional de Cuba (BNC), falleció este lunes a los 80 años de edad, a causa de complicaciones derivadas de una insuficiencia cardiaca.
La también Premio Nacional de Danza, nació en la capital cubana el 20 de mayo de 1946; desde niña inició sus estudios de ballet en la Escuela de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana, para continuar luego en la Academia Nacional de Ballet Alicia Alonso.
Notables maestros contribuyeron a su formación: Alicia Alonso (1920-2019), Fernando Alonso (1914-2013), Marta Mahr, Alexandra Fedórova (1884-1972), y, de manera especial el boricua José Parés (1926-2006), quien, de acuerdo con María Elena, la hizo consciente de la importancia de poseer una técnica sólida, limpia para usarla “como un medio y no como un fin”.
En 1962, tras incorporarse al Cuerpo de baile del BNC, compañía en la que fue promovida a la categoría artística de Solista, en 1967, y a Primera bailarina, en 1976, la Llorente inició una destacada trayectoria artística caracterizada por la seguridad técnica, el cuidado estilístico y la elegancia interpretativa, que se extendió por más de cinco décadas.
Durante esos años asumió un amplísimo y abarcador repertorio, que incluyó obras de los más diversos estilos, de coreógrafos cubanos y extranjeros; y por supuesto, los títulos de ese gran repertorio heredado del siglo XIX, y que suele llamarse tradicional: La fille mal gardeé, de la que es considerada una de las más destacadas intérpretes del papel de Lisette en la historia del ballet cubano; Swanilda, en Coppélia; los personajes de Myrtha, la reina de las Wilis y Giselle, en la obra cumbre del romanticismo danzario; las princesas Aurora y Florina en La bella durmiente del bosque; Odette-Odile, en El lago de los cisnes, y Kitri, en Don Quijote.
No puede olvidarse, significa la nota de condolencias, que la bailarina participó, además, en los estrenos o estrenos en Cuba de muchos ballets, algunos de ellos creados especialmente para ella.
