Convento de Santa Clara, primer claustro femenino en La Habana

Editado por Maria Calvo
2021-06-01 05:38:30

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Convento de Santa Clara en La Habana

El Convento de Santa Clara fue el primer claustro femenino que existió en La Habana, se fundó en el año 1644, para que los padres de la villa de San Cristóbal de La Habana protegieran a sus hijas solteras.

Nueve años demoraron los trabajos. Cinco monjas, encabezadas por Sor Catalina de Mendoza, llegaron de Cartagena de Indias para inaugurar el convento al que las muchachas ingresaban por voluntad propia o paterna.

El edificio del antiguo Convento de Santa Clara de Asís, está ubicado en La Habana Vieja, en la manzana que delimitan las calles Sol, Cuba, Luz y Habana. Abarca cuatro manzanas que fueron cerradas, interrumpiendo la continuidad de dos calles (Damas–Aguiar, Santa Clara-Porvenir), para garantizar la clausura necesaria al edificio.

Es el convento más grande de La Habana, basado en una construcción de dos plantas y gruesas paredes de tapias y rafas, la fachada con  torres extremas, la puerta abocinada, y el óculo ciego de la parte superior.

Llegó a contar en el siglo XVIII con tres claustros, Iglesia con dormitorio, refectorio, cocina, enfermería, huerto, iglesia y, en general, las instalaciones necesarias para la vida de una comunidad femenina de unas cien religiosas y otras tantas esclavas o servidoras.

Patio Convento Santa Clara

El primero y mayor de los tres claustros presenta el patio central con arcadas sobre columnas de piedra en la planta baja y pies derechos de madera, en el nivel superior. Al este se extiende la iglesia de una sola nave y enorme puntal, con su torre erigida en el siglo XVIII. Varias criptas aparecen en su interior. La más grande, en el coro bajo, se considera funeraria. Otras dos, en la nave de la iglesia constituyen objeto de especulaciones sobre su origen. Se piensa que pueden haber sido oratorios privados de las monjas o bodegas de vinos sagrados.

Se aprecia un jardín donde crecen variados ejemplares de la flora cubana y no faltan las hierbas de olor de los patios coloniales. Una vieja sabina de rugoso tronco es el árbol más antiguo que se ha conservado. Invaluables testimonios de la vida pasada han permanecido en este patio.

Aparece así el amplio aljibe con sus dos brocales, las cajas que recogen las aguas de lluvias, las pocetas y lavaderos de las monjas. Dos minúsculas casitas de techos de tejas criollas, apareadas en medio del jardín, se supone que fueran baños de las esclavas. Casi oculta dentro de la profusa vegetación aparece la Fuente de La Samaritana, la más antigua de la ciudad.

Fuente Samaritana del Convento
de Santa Clara

Del origen del segundo claustro, conocido como Claustro del Marino, existen explicaciones diversas.

La casa de dos plan tas que aquí se encuentra, según cuenta la leyenda, la dio un marino como dote para que su hija ingresara en el convento. Otra historia relata que, habiendo muerto el marino, su viuda y su hija profesaron y se quedaron viviendo en la casa que finalmente fue circundada por los muros del convento y diferentes fuentes afirman que dicha construcción parece corresponder a las celdas alta y baja que, de acuerdo al contrato conservado en el Archivo Nacional, el escribano Nicolás de Guilizastli hizo construir en el patio para sus dos hijas.

Interior del Convento de Santa Clara

La complicada estructura compositiva de este claustro, muy distante de la concepción de los otros dos, se caracteriza por su gracia vernácula. Aquí las galerías son todas de columnas o pies derechos de madera en ambas plantas.

El descubrimiento arqueológico de las huellas de los drenajes y pavimentos auténticos muestra los vestigios de una vieja calle de losas españolas y ladrillos, el Callejón de las Angustias. El tercer claustro fue muy similar al primero o mayor de los claustros. Los claustros se comunican entre sí mediante sus largas galerías.

Si bien la simplicidad constructiva domina la expresión general del Convento de Santa Clara debido al momento histórico en que se construyó, pareciera que buena parte del presupuesto de las religiosas se gastó en las techumbres de rica apariencia.

Revestidos por tejas criollas de barro, los techos conforman un imponente juego de niveles y texturas cuando se les puede observar desde lo alto. Interiormente son de maderas preciosas, planos en las plantas bajas y de aguas en las altas. Algunos como el de la nave de la iglesia, alcanzan proporciones considerables.

Techos de los distintos claustros del Convento

Durante la toma de La Habana por los ingleses, en 1762, el Capitán General ordenó a las clarisas marcharse de la ciudad y el convento se convirtió en hospital de campaña.

Una vez finalizado el conflicto armado, regresaron a su vida de clausura y mantuvieron la sede de su congregación en este edificio hasta 1921, año en que lo venden a una entidad inmobiliaria para trasladarse al barrio habanero de Lawton, en el municipio capitalino de Diez de Octubre.

Pasillos del Convento

La Habana había comenzado a modernizarse, tranvías eléctricos se desplazaban por toda la ciudad y las monjas clarisas sienten las molestias del ruido exterior y frecuentemente se les interrumpe en sus oraciones y demás oficios religiosos.

Enrique Martínez, ingeniero del Arzobispado fue la persona encargada de ver y aprobar las condiciones del terreno limitado por las calles B, C, 10 y 11 en la manzana 11 del reparto Batista. Las nuevas obras de construcción duraron dos años y la construcción de la iglesia se llevó 7 años y medio.

El 26 de marzo de 1922 el periódico El Mundo publicó un artículo sobre el monumental y magnífico edificio de dos plantas que estuvo abierto al público, para que fuera admirada la obra, hasta que las monjas lo ocuparon definitivamente. No fue hasta el 11 de agosto de 1927 cuando tuvo lugar la bendición del nuevo templo erigido por las religiosas de Santa Clara.

Nuevo Convento de Santa Clara en Lawton

Un año después de que la orden religiosa abandonara la que, durante siglos, había sido su sede primera, se abrieron los viejos claustros para usarlos como escenario de eventos públicos, no obstante, el convento estuvo rodeado por un aura de misterio.

El monasterio pasó a ser sede de la Secretaría de Obras Públicas a partir de 1925 y hasta 1959, fecha en que se trasladó (ya conocido como Ministerio de la Construcción) para otra edificación por la Plaza de la Revolución.

Luego de esta última fecha se sucedieron como ocupantes: el Ministerio de Bienestar Social (hasta 1961), los Talleres y Almacenes Nacionales de Servicios de Teatros (TANST), así como otras dependencias del Consejo Nacional de Cultura (más tarde Ministerio de Cultura) que se mantuvieron ocupando diferentes áreas del inmueble hasta 1981.

Desde 1985 es la sede del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM). Esta función, que se mantiene en la actualidad, comenzó por el área restaurada del primer claustro, inaugurada en 1985, abarcando las del segundo claustro restaurado en momento posterior. (Recopilación de Internet)

* En el próximo artículo publicaremos Algunas crónicas de Alejo Carpentier basadas en el Convento de Santa Clara



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