Como era previsible, los EEUU no aceptarían que cristalizara un acuerdo de paz negociado con la República Islámica de Irán, que respondiera al principio de respeto de la soberanía reclamado por el país persa, desde que se iniciaran los primeros contactos de ese tipo, con los buenos oficios diplomáticos desplegados por Pakistán.
Paralelamente, Tel Aviv hizo todas las acciones beligerantes a su alcance, para entorpecer y, de ser posible, descarrilar ese proceso negociador complejo entre Washington y Teherán, con su agresión a Líbano, en la misma medida en que ese desenlace bilateral entre Tel Aviv y Trípoli, auspiciado por la Casa Blanca no alcanzara su objetivo clave.
Esa negociación pretendía comprometer al gobierno libanés en un hipotético proceso de desarme de Hezbolá, la organización política y militar del país de los cedros, que ha enfrentado resueltamente al sionismo desde su formación, y apoyado la causa palestina.
Cabe apuntar, que Teherán ha desestimado esa posibilidad por intermedio de lo declarado por su canciller Araghchi; acción solidaria que despejó cualquier duda acerca de la existencia del Eje de Resistencia y su vitalidad, verificada en la capacidad de respuesta mediante las armas de Hezbolá en su enfrentamiento del agresor israelí.
Sobre todo en este tema y sus aristas, queda claro que el estado sionista persigue poner de rodilla a Hezbolá, torpedear una vez más las negociaciones entre Washington y Teherán, y proseguir con su proyecto de Gran Israel.
Incluso, el derrotero temerario seguido por Israel ha provocado desencuentro entre Trump y Netanyahu, con su repercusión mediática, acompañada de la consabida reacción del Presidente, a través de su Trust Social, en el contexto de la alianza estratégica existente entre Washington y Tel Aviv, construida y cimentada con todas las voluntades del establishment estadounidense y el desempeño ingente del lobby pro Israel, encabezados por la AIPAC (Comité Estadounidense Israelí de Asuntos Públicos).
A lo señalado, y no menos importante, encontramos los esfuerzos desplegados por el lobby sionista en los EEUU, en cuyo establishment no cesan las acciones enfocadas hacia el robustecimiento de la alianza, que asume niveles de conexión profundos, sobre todo con una Administración republicana empeñada en impulsar la agenda de política exterior con el empleo de la fuerza.
Al respecto, uno de los escenarios que aflora en el Capitolio Hill constata en el propósito de congresistas, republicanos y demócratas, de promover un proyecto legislativo, que contribuya a la integración de las fuerzas armadas estadounidense e israelí, en un contexto de creciente rechazo del genocidio sionista en Gaza y en el sur de Líbano (Macleod, 2026), tanto en los EEUU como a nivel internacional.
El proyecto legislativo contempla facetas tales como, investigación, desarrollo y producción de armamento de alta tecnología, biotecnología, drones y sistema de armamento autónomo y cibernético, entre otros intereses, lo que pone de relieve la posibilidad de que Israel pudiera tener acceso a información militar integral de los EEUU; fenómeno este totalmente inédito.
A juzgar por sus patrocinadores, Mike Rogers (R-AL), presidente del Comité de los Servicios Armados de la Cámara de Representantes, y Adam Smith (D-WA), número dos del citado comité, el documento denominado Sección 224 dispone de fuerte apoyo bipartidista en el Capitolio Hill.
Es incuestionable que esta maniobra se enfila hacia el robustecimiento de las relaciones entre Washington y Tel Aviv, que desde la fundación de Israel ha significado un aporte sustancial de ayuda militar multimillonario hacia el estado judío.
Por otra parte, está claro que el dominio de respuesta militar de Teherán no ha mermado; realidad esta que se ha hecho fehaciente, entre finales de mayo y el primer tercio del mes de junio de 2026, cuando el país persa ha estado respondiendo con efectividad a los ataques perpetrados por los EEUU e Israel, que ha tenido como objetivos a instalaciones militares y de otro tipo en Kuwait, Bahrein, Jordania y a la propia Tel Aviv, entre otras localidades israelíes.
Pero en el lapso de los 39 días de contienda escenificado en la región, a partir del 28 de febrero, se verificaron al menos 228 estructuras o piezas de equipamiento en instalaciones militares estadounidense, lo cual ilustra la magnitud de la respuesta iraní (WashPost, May 7, 2026)
Cabe referir que el escenario negociador no ha concluido, en medio de un panorama retador, porque la embestida bélica no se descarta por cada uno de los actores agresores, por su cuenta, o como parte de una concertación propiamente, que revela la disposición diplomática iraní frente a la necesidad de Trump de encontrar una solución temporal al tema Irán, ante los retos políticos, económicos, sociales y electorales a enfrentar por la administración republicana, que están además públicamente sujetos a escrutinio milimétrico por parte de políticos, expertos y medios de comunicación de los EEUU e internacionalmente.
En este contexto, el Eje de Resistencia se ha mostrado como un actor colectivo contra-hegemónico frente a la superpotencia y el sionismo israelí, que es expresión también de la validez de la causa palestina, que permanece como idea y argumento de esa resistencia legítima.
Ese movimiento variado, que toma cuerpo en varios países de Medio Oriente, involucra a Hamás, Jihad Islámica, ambas organizaciones palestinas que operan en Gaza, Hezbolá, en Líbano, la resistencia iraquí con las Fuerzas de Movilización Popular, a la cabeza, Ansar Allah, en Yemen, y la República Islámica de Irán, como portaestandarte.
Resulta previsible que el Eje de Resistencia mantenga su funcionamiento desde la solidaridad y la flexibilidad conveniente, atendiendo a las agendas políticas propias de cada miembro integrante, en respuesta a las necesidades y razones de cada organización o territorio donde operan.
(Rodobaldo Isasi Herrrera, Investigador del Centro de Investigaciones de Política Internacional -CIPI-)
Referencias bibliográficas
Macleod, Alan (2026). Fusing the US Military and IDF. June 6, 2026 https://www.unz.com/arricle/fusing-the-us-military-and-the-idf/
Hill, Evan y et al. (2026). Iran has hit far more U.S. military assets than reported, satellite images show. The Washington Post. EXCLUSIVE May 7, 2026
