De un profundo humanismo y solidaridad está impregnado el legado del líder histórico de la revolución cubana, Fidel Catro, y del cual la ELAM, Escuela Latinoamericana de Medicina, es una de sus obras más significativas.
En 1998 los huracanes George y Mitch dejaron una gran devastación a su paso por naciones de Centroamérica y el Carbe. Brigadas médicas cubanas marcharon hacia esos territorios para brindar su invaluable ayuda.
Pero la visión de Fidel abarcaría mucho más y con la constitución de la ELAM posibilitaría la formación en territorio cubano de profesionales de la salud de otros países.
Decenas de miles de jóvenes de diversas nacionalidades, incluso estadounidenses, se han graduado en la ELAM, símbolo de la solidaridad y la colaboración en materia de salud de Cuba con el mundo.
Gracias a la iniciativa del líder histórico de la revolución cubana jóvenes de familias de escasos recursos pudieron convertirse en médicos, un sueño inalcanzable en sus países de origen.
Un objetivo común los ha unido y une; graduarse como profesionales de la salud y ayudar a cambiar la realidad de sus comunidades y brindar su asistencia donde sea necesario.
Para ellos, como han manifestado en muchas ocasiones, ha sido igualmente una maravillosa experiencia por poder compartir con estudiantes de diversas latitudes cultura y valores.
Al respecto al dejar inaugurado el centro en noviembre de 1999, diría Fidel Castro que «Será un ejemplo de la unidad más profunda en la diversidad más rica, estampa del mundo futuro que soñamos.»
La constitución de la ELAM es una contribución de Cuba al derecho de los pueblos a acceder a la atención sanitaria, que enriquece la colaboración médica que durante décadas ha mantenido la Mayor de las Antillas con otras naciones y que ha posibilitado mejorar sus índices de salud.
Próxima a cumplir 27 años, la Escuela Latinoamericana de Medicina está, como afirmara Fidel Castro, consagrada al más noble y humano de los oficios: salvar vidas y preservar la salud.
