Para las jóvenes cubanas Marlies y Dairelys, se sienten muy cómodas portando los artículos de la marca cubana THABA, por su diseño, funcionabilidad, colores, versatilidad y hasta por el precio adquirido en el mercado, y según su criterio seleccionan esos productos porque les gustan y están a la moda.
Ellas desconocen dónde se confeccionan las carteras, mochilas y enseres que visten ya que en el momento de la compra prevalece para qué lo quiero y en qué lo voy a usar. No se presta mucha atención a quien lo produce y eso será el tema de esta historia.
La marca THABA encierra el objeto social de una empresa estatal socialista que produce talabartería en una gama amplia de artículos muy necesarios para la calidad de vida de la sociedad, que incluye paraguas, bisutería, guantes de látex y equipos de protección personal.
Para ello cuenta con un personal altamente calificado y vasta experiencia profesional, que trabaja mediante una gestión autosostenible dentro del mercado nacional, proporcionando innovación y desarrollo para la demanda de amplios sectores sociales, con la mira puesta en el mercado internacional.

LOS ORIGENES
La palabra THABA responde a Talabartería Habana, subordinada al Ministerio de la Industria Ligera, inaugurada el 14 de diciciembre de 1976, para agrupar varias fabricas existentes en la capital como “Élite”, “Terners”, “El Potro” y “El Avance del Proletariado”, que reunía a unos 400 trabajadores diseminados en el territorio con un plan de producción de alrededor de 7 millones de pesos.
En su decursar de 50 años ha sido líder en el mercado cubano, según asegura Efraín Yera Sánchez, Director de Mercadotecnia y Comercialización y lo argumenta con los crecimientos en producción, comercialización e ingresos, convertidos en ganancias para el país y para la propia entidad porque ellos facturan más de 310 millones de pesos al año.
«Sorteamos muchos obstáculos impuestos por las circunstancias del momento, hablo del período especial (década de los 90 con la caída del campo socialista y el recrudecimiento del bloqueo), en que sólo tuvimos un taller produciendo pero responsablemente conservamos los talleres, nuestros medios, el equipamiento y sobre todo al personal experimentado», relata el directivo, licenciado en matemáticas.
La historia continúa con la incorporación de más talleres fuera de la capital, primero los de Las Tunas, que producían calzado y transformaron su objeto social para elaborar productos de talabartería. Luego vinieron los de confecciones y los pertenecientes a las industrias locales, enclavados en las municipalidades.
«En Las Tunas contamos con cinco talleres incluyendo una fábrica para producir artículos de látex de moderna tecnología y con capacidad para elaborar guantes de amplia gama, hablo de guantes domésticos, guantes de examen clínico que lo usan los estomatólogos, enfermeras y proctólogos. También hacemos un tipo de guante que le decimos multiuso para muchas labores como alimentos, limpieza y otras. Esta fábrica es la única que hay en Cuba», precisó el entrevistado.
La empresa agrupa a 17 talleres productivos en el país, localizados en las provincias de Pinar del Río, Artemisa, La Habana, Cienfuegos, Villa Clara y Las Tunas. Ellos están preparados para fabricar los más variados artículos a petición de los clientes porque cuenta con un Taller Prototipo, que se encarga de crear, aprobar los diseños y efectuar los modelos muestra por los cuales el resto de los talleres se guiará para realizar las producciones.
En esas fabricas laboran más de 1200 trabajadores, una mano de obra calificada y con experiencia en la actividad productiva. «Incluso en muchos talleres trabajan tradicionalmente familias que transmiten sus conocimientos de una generación a otra. El nivel promedio académico es de técnico medio, principalmente de nuestros operarios, que son quienes producen y representa la mayoría de nuestra fuerza laboral, aunque por supuesto, contamos con ingenieros y licenciados en la actividad administrativa y trabajadores indirectos a la producción», indicó.

ALTERNATIVAS ANTE LOS OBSTÁCULOS
Para el momento actual con recrudecimiento del bloqueo y con un cerco petrolero instalado por la administración de Donald Trump buscan alternativas de alianzas con inversores extranjeros y fornas no estatales de producción (pequeñas y medianas empresas, cooperativas no agropecuarias y trabajadores por cuenta propia)
El directivo explica: «Tenemos negocios con más de 20 entidades de este tipo y usamos principalmente la modalidad de servicio, o sea ellos ponen la materia prima y nosotros hacemos las confecciones, después compartimos las ventas con posibilidades de ingresos para ambas partes».
¿Cómo afecta el bloqueo?
«Primero con los cortes eléctricos que impide producir en una jornada laboral continua de ocho horas, luego el combustible para trasladar las mercancías hasta el cliente y por último con la compra de materia prima y equipamiento para modernizar la tecnología conque producimos, ello incluye la posibilidad de adquirir partes y piezas de respuestos, necesitada para las reparaciones.
«A todo ello le hemos buscado salidas para vencer las dificultades. Primero pactamos con los inversores la posibilidad de instalar energía solar, algo avanzado en dos de nuestros talleres. Los demás ajustamos los horarios porque como los trabajadores y operarios viven en el mismo pueblo donde está enclavada la fábrica tienen sentido de pertenencia y van a producir en el momento en que llega el fluido eléctrico no importa si es de madrugada e incluso adelantan trabajo lo más que pueden. Por tanto se les paga por cumpliento del plan.
«En cuanto a la transportación hemos buscado alternativas y apoyo a través de nuestro ministerio y hasta el momento pudimos cumplir lo pactado. Para la falta de pieza de respuesto contamos con la inventiva de los trabajadores que pone a funcionar las máquinas, aunque sean obsoletas. Todo se logra con mucho esfuerzo, trabajo e iniciativas, pero lo logramos», concluye Yera Sánchez.
TRABAJADORES COMENTAN
Sulema Pérez Suárez, licenciada en sociología y especialista principal de Mercadotecnia con 25 años de trabajo en THABA: «Para mi, Thaba es amor, por el trabajo, por el lugar al cual llegamos, por lo que se aporta a la sociedad y por lo que nos enseña», dijo la técnica para referirse a los cambios introducidos en la empresa con las inversiones, las exigencias del mercado y el acondicionamieto a las circunstancias internas y externas del país.
«Toda la trayectoria de la empresa nos ha hecho crecernos ante las dificultades y superar el momento», afirma esta trabajadora que tiene entre sus tareas hacer estudios para las ventas, marcar las tendencias en las producciones, coordinar estados de opinión con los criterios productivos y verificar la satisfacción del cliente.
Ella se apoya en otra técnica joven: Laiza Gabriela García Lorenzo, licenciada en Turismo e investigadora de mercado, encargada de dar seguimiento a las corrientes de moda, los precios, la introducción de nuevos productos e incluso la variedad en colores y tamaños de artículos de la talabartería, los medios de protección y otros.
Para Laiza trabajar en Thaba significa valorar la calidad del personal que siempre está dispuesto a incluir y a enseñar los oficios. «Los directivos se ocupan de la superación profesional, de la capacitación de los trabajadores y del desarrollo de los recursos humanos».
Añadió «En este colectivo laboral se apoya a los jóvenes, se les escucha y se les vincula a los trabajos de la dirección para que estén en las tareas de la vanguardia», y precisó que cuando se trabaja en equipo, las tareas salen con mejor calidad y el espiritu de colectividad invade el ambiente para crear con arte.
Ese criterio lo tiene Ifraín Santana Suárez, Jefe de Brigada de la fábrica Humberto Alvárez Abreú, conocido en la empresa como Taller 108, que lleva más de 35 años en la producción de artículos de Talabartería y conoce todos los procesos desde la elección de la materia prima, el corte, cosido, acabado, embalaje y entrega final para la venta.
La mayoría de las acciones en la confección de los productos se hace de manera manual porque la tecnología en los talleres aún no se ha podido automatizar por factores que influyen como el bloqueo, el subdesarrollo, la adquisición de maquinarias y la imposibilidad de acceder a transferencias de tecnologías de los países más industrializados.
Hoy allí habitan herramientas como tijeras, cuchillas, máquinas cosedoras, trazadoras, y de otro tipo llegadas al país en décadas anteriores y procedentes de países como China, el campo socialista y hasta estadounidense dejadas antes del triunfo de la Revolución en 1959. Todas se mantienen funcionando al unísono gracias a la inventiva, al cuidado y al mantenimiento que reciben.
La fuerza laboral en ese taller tiene mucho sentido de pertenencia porque ha envejecido dentro de las paredes de su fabrica. Ellos cuentan con muy pocos jóvenes porque la actividad se realiza en largas horas de trabajo sentado frente a una máquina de coser. Hoy se enfrentan la migración de los recursos humanos hacia actividades más atractivas e incluso hacia el exterior del país.
Santana Suárez, vive muy lejos de su taller y llega todos los días muy temprano porque para él la “Talabartería es un arte”, los productos que se crea en la actividad tienen el mérito de recibir amor de quien lo usa por su funcionabilidad y estética, algo que disfruta el que lo elabora.






