Sin importarle el beneficio brindado al pueblo de Honduras, la asunción del presidente ultraderechista de Nasry Asfura hizo la regalía a su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, de cancelar los acuerdos para poner fin al trabajo de la brigada médica cubana que en 25 años ofrecieron 30 millones de consultas.
Todo ello se hizo a través de una gran campaña mediática para desacreditar las vidas salvadas, las miles de intervenciones quirúrgicas y las cerca de 80 000 operaciones de la vista, sin mencionar que 1640 médicos hondureños se formaron gratuitamente en universidades cubanas.

Fotos Cortesía Erasto Reyes
Para reconocer el valor de esta ayuda prestada, la Asociación de Amistad Honduras-Cuba, organizó un acto público y destacó «el trabajo y la atención desarrollado por este contingente humano, noble y solidario», publicó la organización en una nota de prensa enviada a Radio Habana Cuba.
En la actividad se compartieron vivencias de momentos emotivos vividos en ciudades como Catacamas, Colinas, Santa Bárbara, La Paz, San Pedro Sula, Santa Rosa de Copan, Tegucigalpa, La Ceiba y otros muchos lugares.
El presidente de la Junta Directiva Nacional, Erasto Reyes, señaló al hacer uso de la palabra: «Siempre existió este vínculo entre nuestros pueblos y no se podrá romper jamás frente a las sucias campañas de mentiras y grosería como hoy montan injustamente contra Cuba. Desde 1974, con el huracán Fifi y después de 1998 con el paso del Mitch, fue el pueblo cubano, su gobierno encabezado por el Comandante eterno Fidel Castro y las brigadas médicas quienes a lo largo de todo este tiempo han demostrado su don de servicio, de humanismo, de hermandad y amistad sin exigirnos nada a cambio, ni de condicionar su solidaridad».

Fotos Cortesía Erasto Reyes.
Uno de los principales programas desarrollados por la brigada en Honduras fue la atención oftalmológica a través de la llamada Misión Milagro, que hasta octubre de 2025, reportó alrededor de 44 000 consultas realizadas en un solo año y cerca de 7000 cirugías.
Ese trabajo también lo recordó Marylin Hernández Pereira, Médica hondureña graduada en Cuba, que en sus palabras dijo: «Decenas de miles de hondureños recuperaron la vista gracias a intervenciones oftalmológicas que eran impagables para la mayoría. Otros fueron trasladados a Cuba con todos los gastos cubiertos (avión, hospitalización, cirugías, medicamentos, seguimiento) para recibir tratamientos que aquí no estaban disponibles o que ninguna familia trabajadora podía costear. Eso ocurrió. Sin exhibición pública. Sin convertir el dolor en espectáculo».
Igualmente evocó que en las comunidades más apartadas y de difícil acceso, donde laboraron los galenos cubanos, se recuerdan los rostros y nombres, como aquel ginecólogo que estuvo presente en un parto complicado cuando la vida de una madre dependía de minutos, al internista que diagnosticó a tiempo y certeramente, y a quien caminó horas para llegar donde nadie más llegaba.
Añadió: «Si alguien quisiera reducir todo esto a números, tendría que sumar cada tratamiento cubierto, cada traslado pagado, cada profesional formado, cada año de presencia médica en territorios donde nadie más estaba. Y probablemente descubriría algo incómodo: que la balanza moral no estaría del lado de quienes hoy señalan y que la deuda con Cuba no se puede cuantificar».
