A pocas semanas de entrevistarse en Washington con Donald Trump, el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula Da Silva, alista a su país ante una nueva ofensiva comercial de su par de Estados Unidos.
La potencia del Norte propuso un nuevo arancel de 25 por ciento sobre productos brasileños y reedita las controversias sobre el asunto, al recurrir otra vez a tales amenazas.
Donald Trump impuso el año pasado un gravamen de 50 por ciento sobre una extensa lista de bienes brasileños.
Lo hizo en conjunción con injerencias en los procesos judiciales contra el ultraderechista expresidente Jair Bolsonaro, y con invectivas del republicano dirigidas al poder judicial carioca.
Aunque más tarde fueron revertidas mayoritariamente tras conversaciones bilaterales, la repetición de tales procedimientos provoca crispación, mucho más por la argumentación atropellada.
El Representante Comercial de Estados Unidos señala a Brasil como supuesto ejecutor de prácticas comerciales desleales.
La imputación proviene de un país cuyo gobierno ejecuta medidas coercitivas contra otros países y coarta la libertad de comercio internacional.
La respuesta de Lula Da Silva fue rápida y contundente al afirmar que Brasilia no cederá a presiones, destacar la llegada sorpresiva de la propuesta y augurar alianzas alternativas.
Si bien los nuevos aranceles solo representan una propuesta y hay productos exentos, Lula ha sido categórico al expresar que si no le quieren comprar a Brasil, le venderán a quienes deseen hacerlo.
Para colmo, combinado con la idea impositiva aparece la actuación pérfida del senador Flávio Bolsonaro, quien estaría detrás del ataque.
El hijo mayor de Bolsonaro, sugirió la medida a Trump, con quien se entrevistó, como parte de su campaña en su condición de candidato electoral opositor para los comicios de octubre venidero.
De manera que Brasil y Estados Unidos chocan posturas nuevamente luego de un enfriamiento de tiranteces, pues además la Casa Blanca incorporó a dos grupos criminales del país sudamericano a su lista de organizaciones terroristas.
Y el secretario norteamericano de Estado, Marco Rubio, destacó amenazante ante una comisión del Congreso que Washington consiguió alinear a su lado a América Latina, con la excepción de cuatro países, entre ellos Brasil, declaración criticada por Lula.
