La colaboración médica cubana cumplió el 25 de mayo último 63 años desde que envió a Argelia a una brigada para aliviar el sufrimiento de la población más vulnerable en la cura de enfermedades con medicamentos y con sensibilidad, ternura y consuelo.
Este gesto solidario y altruista en estas más de seis décadas llegó a 165 países, con más de 600 000 colaboradores de la salud que han salvado la vida de 14 millones de personas.
Un ejemplo es la doctora Danay Sosa García quien labora en Guinea Bissau, como profesora titular en la facultad Raúl Díaz Argüelles en la asignatura de fisiología médica, aunque también labora en los hospitales públicos del país africano coordinando el aprendizaje de sus alumnos.
Ella dice que de esta misión quedará «el amor, la bondad de un pueblo que en todo momento considera Cuba como su propio país, del cuidado que nos muestran en todos los escenarios, lo mismo en la calle, que en una consulta, que aún siendo tan pobres son capaces de brindar su gran respeto y cariño hacia nosotros. Es increíble poder experimentar ese sentimiento que nos tienen».
Ella es especialista en 1er en Fisiolopatología y de 2do grado en Medicina General Integral, trabaja como vicedecana docente en la Universidad de Ciencias Médicas de la provincia Mayabeque y laboró en el Policlínico Universitario Felo Echezarreta de San José de las Lajas.
De sus experiencias en esta primera misión fuera del país dice que existen muchas anécdotas y momentos que van a quedar en su recuerdo, pero lo principal son las personas muy humildes que ven al médico cubano como un ser sobrehumano, capaz de curarlo todo y de cuidarlo.
Imparte las clases en idioma español porque el oficial del país es el portugués y puede entenderse bien por ambas partes. Comenta también que Cuba le brinda garantías laborales para el desempeño de su función como las condiciones de vida dignas y recibir un medicamento que utiliza por padecer de diabetes.

También recibe salario en Cuba y en el lugar donde se encuentra, tiene acceso a internet para comunicarse con sus familiares y recibe estímulos durante el periodo de la misión o cuando concluya. De igual forma valora altamente el acceso a la superación profesional por la participación en eventos y cursos de postgrados.
Todo ello se pacta en un contrato laboral antes de salir de Cuba y que se cumple con rigurosidad por el estado cubano. De existir un problema de enfermedad por parte del colaborador o el fallecimiento de un ser querido puede interrumpirse la misión y regresar al país, sin que ello represente una medida disciplinaria.

La doctora, que se desempeña como vicedecana de la facultad de Medicina en Guinea Bissau comenta que su vida fuera de Cuba le aporta mucho, que tiene momentos de alegría y de emociones profundas cuando hay éxitos y fracasos en la actividad que se realiza, pero lo principal: «sentirme útil y defender un bien colectivo para la humanidad».

