Las sanciones unilaterales, arma predilecta de la política exterior de Estados Unidos, provocan más muertes que las relacionadas con combates, aseveran estudios internacionales.
El país del Norte ha dictado medidas punitivas contra un tercio de los países, afirma el sitio noticiaslatam.lat, en el cual se confirma que ese emisor encabeza la lista de los que suelen penar a adversarios, rivales o países con diferente sistema económico y social.
En opinión del diario The Washington Post, este tipo de decisiones ha pasado de un arma casi reflexiva a una guerra económica perpetua.
Aunque con frecuencia se les denomina “sanciones internacionales”, realmente no son multilaterales, al dejar de pasar por el Consejo de Seguridad de la ONU y establecerse fuera de la Carta de ese órgano.
De acuerdo con la Global Sanctions Database, o sea Base de datos de sanciones globales, Estados Unidos, la Unión Europea y la ONU han sancionado a 25 por ciento de los países y ese tipo de medidas aumentó considerablemente desde la década de los años 60 del siglo pasado hasta el presente.
En el caso de Estados Unidos sobresale el consenso bipartidista logrado, aunque en los mandatos de Joseph Biden y Donald Trump alcanzaron relieve inusitado.
En junio de 2020, por ejemplo, el magnate inmobiliario, como inquilino de la Casa Blanca, firmó una orden ejecutiva de amplio matiz vengativo, al autorizar la adjudicación de castigos a fiscales y funcionarios de la Corte Penal Internacional.
Lo hizo tras la apertura de investigaciones contra agentes y militares estadounidenses en relación con presuntos crímenes de guerra cometidos en Afganistán.
Solo en el período entre 1971 y 2021, las normas unilaterales provocaron la muerte de más de 564 mil personas por año, aseveró la revista The Lancet.
De manera que cuando bancos, agencias de seguro y gobiernos dictan sus ordenanzas causan miseria humana, aunque no sean las bombas clásicas usadas en las guerras.
Es cierto que los países blanco de las sanciones tratan de eludirlas colaborando entre ellos, pero los efectos punitivos continúan siendo devastadores.
La Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Cuba y Rusia son solo tres ejemplos de naciones objeto de bloqueos, cercos, asedios y órdenes dirigidos a diezmar economías y obligarlos a acatar las intimidaciones de los poderosos.
La comunidad internacional debería articularse para neutralizar la ofensiva de los sancionadores e impedir su impunidad.
