En medio de un agudo déficit en la producción de alimentos y ante el recrudecido bloqueo estadounidense, los cubanos siguen mirando hacia las zonas montañosas, para en la medida de las posibilidades aplicar la estrategia integral de desarrollo.
Esa perspectiva de avance multifacético se esboza en el Plan Turquino, cuyo aniversario 39 es rememorado, porque a pesar de las carencias materiales sigue en pie como uno de los objetivos económicos y sociales.
Concebido para aplicar en 54 municipios de 11 provincias, el bosquejo fue creado oficialmente el dos de junio de 1987 por el general de ejército Raúl Castro y conducido por el líder histórico Fidel Castro.
Apunta hacia la mejoría de las condiciones de vida en las zonas de relieve geográfico, elevar las producciones agrícolas, luchar contra el delito y adecuar las regiones para la defensa.
Atenuar los problemas de la ruralidad, impulsar prácticas ecológicas y proponerse el autoabastecimiento territorial son también aspiraciones del Plan Turquino en Cuba.
La mayor de las Antillas necesita el progreso de rubros tradicionales de montaña como café, cacao, coco, frutales, miel, carbón, tubérculos y ganado menor.
Todos ellos imprescindibles para cubrir déficits actuales en los mercados y en condiciones apremiantes, ante el cerco energético de Estados Unidos.
No se queda a un lado el interés por frenar el éxodo desde las serranías hacia las ciudades y sostener servicios de salud y educación, hoy resentidos por las penurias materiales, aunque aún brindan seguridad para los lugareños.
Con el esfuerzo y creatividad de los trabajadores y habitantes de las serranías, se lucha por equilibrar su desarrollo económico con la conservación ambiental, fomentar la agroecología y rescatar tradiciones locales.
Cuando en esta nación caribeña se hace hincapié en acercar la Ciencia a las faenas de la economía, la agricultura no queda exenta de atender el llamado, específicamente en las montañas.
Dependiente hoy de mejoras en los caminos de acceso, el Plan Turquino conserva en Cuba toda su vigencia, pues en las zonas más abruptas hay potencialidades por explotar.
Desde los sitios con frecuencia apartados se espera una respuesta, como en toda la nación, a una realidad compleja.
