A pesar de afrontar una crisis militar y política en relación con la guerra impuesta a Irán en contubernio con Israel, el gobierno estadounidense no descartó enfocar su arsenal de hostilidades hacia Cuba.
El presidente Donald Trump volvió a referirse despectivamente hacia la mayor de las Antillas, a la que calificó de “Estado fallido”, una frase recurrente en su oratoria.
El republicano insistió en que el archipiélago caribeño iba “a caer dentro de poco” y se refirió agriamente hacia las condiciones materiales en el país vecino.
Por supuesto, el inquilino de la Casa Blanca no mencionó que él firmó el 29 de enero una orden ejecutiva que declara emergencia nacional al considerar a Cuba una supuesta amenaza.
La mencionada orden faculta a la potencia del Norte a imponer aranceles a otros países que provean de combustible a Cuba, de ahí que esta última sufra un cerco energético.
Cuba, que también padece el cese de los envíos de petróleo venezolano por orden de Washington, afronta entonces un recrudecimiento del bloqueo, aumentaron las carencias materiales y servicios vitales sufren deterioro.
Motores autónomos de generación eléctrica carecen del combustible esencial, lo que unido a averías en envejecidas termoeléctricas incidió en el incremento de los apagones.
Sin embargo, el Estado cubano trata de organizar los limitados recursos materiales, busca mantener aunque sea en mínimos la vida económica y social, y atiende con prioridad a los más vulnerables.
El Banco Central de Cuba anunció la articulación de nuevas modalidades de pago a jubilados, como parte de un plan experimental.
El procedimiento, en coordinación con el Instituto Nacional de Asistencia y Seguridad Social y entidades privadas, pretende acercar los servicios bancarios a lugares de residencia de los pensionados.
El Banco Metropolitano gestionó por su lado un ensayo para el servicio de pago a jubilados a través de la denominada caja extra, localizada en centros comerciales de municipios de La Habana.
Ambas medidas persiguen reducir las aglomeraciones frente a los bancos, cuyas prestaciones se han afectado por roturas de cajeros automáticos, apagones y dificultades de los trabajadores para acudir a sus puestos, en la actual crisis energética.
El Estado cubano no ha colapsado como afirma Donald Trump y proyecta amortiguar en los ciudadanos el impacto del cerco, cuya magnitud y desmanes oculta el magnate.
