En la ciudad costera de Manzanillo, en la provincia cubana de Granma hay un taller que libra a diario una batalla tan silenciosa como titánica.
Sus 31 trabajadores, entre ellos operarios, técnicos, soldadores y especialistas, son los únicos en toda la región oriental de Cuba capaces de devolver la vida a los transformadores eléctricos dañados.
Y lo hacen con las manos impregnadas de aceite, sin horarios ni días libres, conscientes de que su esfuerzo, es necesario.
La historia de esta fábrica comenzó en 1989. Aquellos primeros transformadores reparados fueron mucho más que una cifra: fueron la prueba de que el ingenio podía suplir lo que la economía no alcanzaba.

Así lo asegura el Ingeniero Ángel Rafael García Elies, jefe de este taller perteneciente a la Empresa de Producciones Electromecánicas del país.
“El Taller de Transformadores de Manzanillo es el único de su tipo en todo el oriente cubano. Su colectivo, repara cada año entre mil y mil 200 transformadores, desde los más pequeños de 10 kVA hasta los de 67 kVA”.
El proceso es minucioso y agotador. Cada transformador que llega al taller atraviesa hasta 16 etapas: desarme, recuperación de piezas, soldadura, ensamble, fregado, pintado y, finalmente, pruebas técnicas rigurosas en el laboratorio.
Y eso bien lo sabe Miguel Moreno Licea Operario B del área de desarme.
Allí los trabajadores han aprendido sobre la importancia de aplicar la innovación. El trabajo de estos obreros no solo mantiene encendidas las luces: ahorra divisas al país. Ellos son testigos de cada sacrificio.
Hombres que han convertido la escasez en ingenio, la urgencia en deber y el aceite en sudor. Hombres que, con sus manos manchadas y sus jornadas interminables, se niegan a dejar que la oscuridad gane la partida en el oriente de Cuba.
(Leipzig del Carmen Vázquez, corresponsal de Radio Habana Cuba en Granma)
