El mundo llega a este 22 de mayo, Día Internacional de la Diversidad Biológica, con la impostergable necesidad de transformar su relación con la naturaleza, pues está en peligro la vida en el planeta.
Debemos entender que dependemos de la biodiversidad, término que se refiere a la gran variedad de seres vivos que habitan la tierra, para obtener alimentos, energía, medicinas, agua potable y mucho más. Además de su inmenso valor cultural, espiritual y estético.
Pero la actividad humana, ha señalado la ONU, ha alterado significativamente 75% de los ecosistemas terrestres y dos tercios de los marinos, poniendo en riesgo a numerosas especies.
Ya en la denominada Cumbre de la Tierra, celebrada en 1992 en la ciudad brasileña de Río de Janeiro, alertaba sobre esa situación el líder histórico de la revolución cubana. Afirmaría Fidel Castro que » Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre.»
Calificada como una de las naciones más biodiversas del Caribe, con más de 7 MIL especies de plantas y cientos de aves endémicas, Cuba no está exenta de la pérdida de la biodiverdidad que enfrenta el mundo actual.
De ahí que la Mayor de las Antillas cuente con un Programa Nacional de la Diversidad Biológica, con definidas metas hasta el 2030 y una visión estratégica hasta 2050.
Conocido como Cuba Biodiversa, el programa implementado desde 1998, pone énfasis en la conservación de paisajes, ecosistemas y especies, al tiempo que promueve el bienestar humano y una responsable gestión de los recursos.
Pero aunque se han buscado alternativas y nuestra comunidad científica trabaja incansablemente para hallar soluciones, es una realidad innegable que el bloqueo norteamericano, reforzado con nuevas medidas por la administración del presidente Donald Trump, obstaculiza las metas ambientales de Cuba.
Como ha denunciado el país caribeño, la política de máxima presión de Washington ha llevado entre otros aspectos, al agravamiento de la contaminación, con la acumulación de desechos que atentan contra un medio ambiente sano y diversos ecosistemas.
El cerco norteamericano limita el acceso a bases de datos, al intercambio de información, a tecnologías y fondos necesarios para llevar a cabo acciones a favor de la biodiversidad.
A pesar de este díficil contexto, en Cuba prevalece la voluntad política de continuar trabajando por la protección de su rica biodiversidad, base de la vida y de un desarrollo sostenible.
